domingo, 30 de mayo de 2021

 UNA DE LAS  MÁS BELLAS CARTAS DE AMOR 


ANDRÉ GORZ  a DORINE KEIR

“HISTORIA DE UN AMOR” 2006 ( escrita un año antes de su suicidio)

 


«Acabas de cumplir ochenta y dos años. Has encogido seis centímetros, no pesas más de cuarenta y cinco kilos y sigues siendo bella y deseable. Hace cincuenta y ocho años que vivimos juntos y te amo más que nunca. (...) Necesito reconstruir la historia de nuestro amor para captar todo su sentido. Gracias a ella, somos lo que somos, uno por el otro y uno para el otro (...) Te escribo para comprender lo que he vivido, lo que hemos vivido juntos».

 

“Éramos tú y yo, hijos de la precariedad y del conflicto. Estábamos hechos para protegernos el uno al otro. Necesitábamos crear juntos, el uno para el otro, un lugar en el mundo que nos había sido originalmente negado. Pero, para ello, era necesario que nuestro amor fuera también un pacto para toda la vida”.

 

“Acabas de cumplir 82 años. Y sigues siendo bella, elegante y deseable. Hace 58 que vivimos juntos y te amo más que nunca. Hace poco volví a enamorarme de ti una vez más y llevo de nuevo en mí un vacío devorador que sólo sacia tu cuerpo apretado contra el mío.

Por la noche veo la silueta de un hombre que, en una carretera vacía y en un paisaje desierto, camina detrás de un coche fúnebre. Es a ti a quien lleva esa carroza. No quiero asistir a tu incineración; no quiero recibir un frasco con tus cenizas. Oigo la voz de Kathleen Ferrier que canta ‘Die Welt ist leer, Ich will nicht leben mehr’ (El mundo está vacío, no quiero vivir más) y me despierto. Espío tu respiración, mi mano te acaricia. A ninguno de los dos nos gustaría tener que sobrevivir a la muerte del otro. A menudo nos hemos dicho que, en el caso de tener una segunda vida, nos gustaría vivirla juntos".


André Gorz ( nombre elegido por la ciudad italiana de Gorizia) nació como judío vienés y decidió vivir como francés, pensar en francés y escribir en francés desde que tuvo que exiliarse de Austria. Sartriano de vocación, fue uno de los fundadores de L'Express para crear más tarde Le Nouvel Observateur, siendo uno de los pensadores más potentes de la izquierda no integrada el PCF, con un papel determinante en la ideología del "68" y los nuevos postulados de izquierda a partir de la crisis del "socialismo real". Su mujer, afecta de una demencia que la hacía totalmente dependiente, fue su compañera desde 1947. El 22 de Septiembre de 2007, comenzaron juntos su último recorrido. 


 

miércoles, 26 de mayo de 2021

 

2. ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE MARÍA LAFORET DÍAZ (1921-2004)

 

MIGUEL ÁNGEL DE UÑA MATEOS

 

II  CONTEXTO CULTURAL

                Tras el final de la Guerra Civil, la cultura en España, sigue los moldes ya establecidos en la zona “nacional” desde su consolidación en las primeras semanas que siguieron al 18 de Julio de 1936. La cultura española, tendrá otro perfil entre los creadores de la llamada España peregrina, la del exilio, que siguió ajustándose a dinámica  propia de la Edad de Plata de la cultura española, que inicia su andadura en la generación del 98 y su acmé en la del 27, por controvertidos que sean los conceptos de “generación”.

                Desterrar el laicismo, reafirmar el catolicismo, el medievalismo idealizado en la suma de la cruz y la espada, vindicar como actuales las glorias del imperio –sobre todo filipino- sin ninguna crítica a sus excesos y carencias….fueron los ejes que determinaron la cultura de posguerra, de una larga, larguísima posguerra, la “larga noche de piedra” que tan bien calificó Celso Emilio Ferreiro. Toda la fraseología del régimen y toda su capacidad legislativa, se pusieron en marcha para conseguir el objetivo de una uniformidad de temas y de tonos en la glorificación de la victoria y el descrédito de las ideas de los vencidos. La verdadera literatura franquista, la literatura que importa socialmente se destila en el B.O.E,  con el nuevo Código Penal alumbrado en ese Enero de 1945, refundición del anterior de 1932 con leyes como la Ley de Responsabilidades Políticas de 1939, la Ley Especial contra la francmasonería y el comunismo de 1940 y la Ley de Seguridad del Estado de 1941. O la Ley de Ordenación Universitaria de 1943 que se proponía “arrancar de la docencia  y la creación científica la neutralidad ideológica y desterrar el laicismo, para formar una nueva juventud  poseída de aquel principio agustiniano de que mucha ciencia nos acerca al Ser Supremo” en las palabras de José Ibáñez Martín, Ministro de Educación. El fascismo rampante nunca fue un verdadero eje ideológico (faltaba épica wagneriana para eso y sobraba espíritu zarzuelero), pero sí lo fue el catolicismo más rancio y el aherrojamiento de lo femenino como ente autónomo, con la Sección Femenina organizando la vida de la mujer en connivencia con la iglesia católica. En 1944 la literatura de Luisa Mª de Aramburu o de Isabel García Suárez, dirigida a la mujer, no hace sino apuntalar el destino manifiesto que el régimen quiere para la mujer.

                De los restos de la generación del 98, Azorín se hace perdonar sus ya muy antiguas veleidades anarcoides con una producción totalmente neutra, y Pío Baroja tras el susto de los primeros días de la guerra a cuenta de los requetés y exiliarse a Francia por ello, volvió a la España “nacional” en 1937 y de forma definitiva en 1940, cuando la sombra de la invasión alemana cubría París. Don Pío había perdido su capacidad narrativa, y su libertad, cuando “se” deja publicar su Comunistas, judíos y demás ralea, prologado por el logorreico fascistoide Ernesto Giménez Caballero. Tras su vuelta a España, apenas hará algo de valor literario más allá de sus memorias. Manuel Machado también tuvo su susto en el Burgos “nacional” y desde ese momento se alinea sin recovecos a la glorificación de los vencedores, obra culminada con “Al sable del Caudillo” cuando cayó Madrid, pocas semanas después de haber llegado a velar los restos de su hermano Antonio y de su madre en Collioure.

                De la generación del 27, permanecen en España Vicente Aleixandre, Gerardo Diego y Dámaso Alonso, que romperá la incensaria azulañil cultura franquista con sus Hijos de la Ira, ya en 1944 cuando las veleidades fascistoides del régimen quedan relegadas a los cuartos de banderas y a las mesas de redacción de la mayor parte de los  periódicos.

                La “gran cultura” se organiza a través del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que nace en 1939 con el afán “de conjugar las lecciones más puras de la Tradición universal y católica con las exigencias de la modernidad”. Infiltrado desde el primer momento por el naciente Opus Dei, será el faro de la cultura (sic) nacional-católica a través de figuras cono Pérez Embid, Raimundo Pankiker o Rafael Calvo Serer. Camino, la obra seminal de José María Escrivá de Balaguer (sic), apenas vendería 2000 ejemplares tras su edición en 1939, pero su cosecha sería tan abundante, que ya en 1944, la revista del Opus, Arbor, pasaría a ser la oficial del CSIC que multiplica su interés por las ciencias “sociales”, sobre las materias científicas. 

                Los tiempos de posguerra son momentos de nacimiento de revistas falangistas, la más importante y cuidada de ellas  Escorial (1940-1950) editada por la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda de Falange Española Tradicionalista y de las JONS. Nació por iniciativa del grupo falangista Musa Musae: Dionisio Ridruejo, Rafael Sánchez Mazas, José María Alfaro, Adriano del Valle, José María de Cossío, Manuel Machado.. Sus fundadores Dionisio Ridruejo (director hasta que se marchó con la División Azul en 1942), Laín Entralgo, Antonio Tovar, Luis Rosales, Luis Felipe Vivanco, Torrente Ballester, José L.  López Aranguren (luego se borró el López[1])…. Una revista que nace con ánimo de consolidar la matriz fascista del régimen, y que irá derivando a políticas “liberales”, de integración de los “no adictos” hasta donde era posible en aquellos duros años. No entraba en sus cuidadas páginas Miguel Hernández, muerto en la prisión de Alicante en 1942. Escorial recuperaba al “buen” Antonio Machado de Campos de Castilla, pero ni un paso más.  

Otra revista falangista fue Garcilaso. Juventud creadora (1943-1946), que nace en la tertulia del Café Gijón, con Germán Bleiberg, José García Nieto, Vicente Gaos, Rafael Montesinos, Luis Felipe Vivanco, Leopoldo Panero, Luis Rosales, con colaboración de Gerardo Diego y José María Valverde, haciendo del “garcilasismo” una vuelta al clasicismo, a la métrica estricta, a la absoluta claridad,  como oposición a las vanguardias. En realidad, construir un escudo contra la triste realidad de una sociedad miserable en lo económico y sobre todo en lo moral. También desde el falangismo, pero muy distante del garcilasismo, nació  desde la tertulia de la librería Azcárate de León, Espadaña (1944-1951), con Antonio González de Lama, Eugenio García de Nora y Victoriano Crémer, con ánimo de vanguardia (hasta el punto de ser tildada de tremendista) y de verdadera integración de voces ajenas al régimen, lo que fue posible tras el final de la II Guerra Mundial. Ya hemos hablado de la barcelonesa (primero burgalesa), Destino (“España, unidad de destino en lo universal” José Antonio dixit) nacida en 1937 y fundada por los falangistas (los catalanes de Burgos) Xavier de Salas, José María Fontana, José Vergés, Ignacio Agustí. La participación de Josep Pla a partir de 1940 fue fundamental para su consolidación y para una progresiva apertura que en 1945 era ya notoria en el árido escenario de la cultura española de esa época.

No muy lejos del falangismo, nace en 1944 (y solo dura hasta 1946, aunque luego renace) La Estafeta Literaria fundada por Juan Aparicio (director de la Delegación Nacional de Prensa), intentando recuperar la revista que Giménez Caballero fundó en la República antes de ser un corifeo fascista.  Intenta conciliar a las distintas corrientes literarias contando con firmas como Víctor Ruiz Iriarte, José García Nieto y Camilo José Cela entre otros.  

En 1944, Hijos de la Ira (rehumanización de la poesía dice Alarcos) de Dámaso Alonso rompe el lago prístino en que quiere reflejarse la poesía de la España franquista a base de negar la realidad,  un exabrupto existencialista que tiene una difícil explicación dentro del rígido control de la censura franquista

Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas)

……………………………………………………………………………………………………………………………

Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma

Por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid

Por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo…

                La publicación ese mismo año de Sombra del Paraíso (con versos a su complicada amante María Valls y crípticos sobre sus relaciones homosexuales) de Vicente Aleixandre[2], establecido en su doble exilio interior, político y sexual, de la calle Wellingtonia 3, significa el renacimiento de la generación del 27 en la España franquista, claramente alineados con la poesía desarraigada, tan cercana al tremendismo de Espadaña. Gerardo Diego, sin embargo, había optado por la línea garcilasista o tradicional, con Ángeles de Compostela de 1940, con Alondra de verdad de 1941, con su Romancero de la novia de 1944, plenamente integrados en la poesía arraigada, sonetos impecables llenos de una pureza ajena a los tiempos. Como una extravagancia, Pío Baroja publica en 1944, Canciones de suburbio, prologado por Azorín que es recibido duramente por la crítica literaria.

                La narrativa de aquellos años es la propia de los “heroicos” tiempos que se viven, con la recapitulación de la Guerra Civil desde la perspectiva de los vencedores, la única posible. El puente de Giménez Arnau; La fiel infantería de Rafael García Serano; las obras de Cecilio Benítez Blanco o de Pedro de Lorenzo, hoy totalmente olvidados. La obra anecdótica de un tal Jaime de Andrade, seudónimo de F. Franco, con Raza, éxito cinematográfico con su no-sosias Alfredo Mayo. Torrente Ballester destila una pretenciosa Javier Mariño. Historia de una conversión en 1943, viéndose obligado a modificar el final tras la retirada de la novela por la censura cuando ya se había comercializado. Ignacio Agustí, retoma la tradición de la novela burguesa decimonónica  con Los surcos (1942) y sobre todo con su ciclo La ceniza fue árbol, destacando Mariona Rebull y El viudo Rius, publicados en 1943 y 1944. Más interesante El bosque inanimado de Wenceslao Fernández Flórez (1943), que publica también Zarabanda en 1944. Azorín es premiado en su fidelidad publicando en 1944 Obras Selectas¸ con el parabién de la crítica bienpensante, la única posible.

En el criterio de Carlos Blanco el als[3], tal vez el más dotado de los escritores “burgueses” fue JUAN ANTONIO ZUNZUNEGUI (tras la muerte de Baroja, ocupó su sillón en la Academia), cercano al naturalismo, con gran manejo de la ironía y el sarcasmo, un observador objetivo de un mundo que disecciona con viveza, “testigo de cargo de la sociedad actual”, pero sin abandonar un carácter aristocratizante en su crítica. El chipindale  1939, ¡Ay…estos hijos! 1943, recreaciones de la burguesía bilbaína de preguerra, El barco de la muerte 1945 con un pesimismo y una ironía abrumadora

Pero al igual que sucedió con Hijos de la Ira, la figura de la novelística surgida en la inmediata posguerra es la Camilo José  Cela qué, independiente de su miserable trayectoria personal y política, publica en 1942 La familia de Pascual Duarte una obra personal con ecos galdosianos, valleinclanescos, barojianos y solanescos  de patetismo estremecedor y oscuro, de expresividad bronca y agresiva …Existencialismo (no han faltado imposibles comparaciones entre la familia de Pascual Duarte y L’Étranger, de Camus) …determinismo  naturalista y tremendismo integran la poderosa narración de Cela…[4] Tras el éxito de La familia de Pascual Duarte publica Pabellón de reposo 1943 y Nuevas andanzas y desventuras de Lazarillo de Tormes que nada tienen que ver con la genialidad rupturista que supuso La familia de Pascual Duarte en el tosco panorama de la narrativa de la época.

El teatro  es con el cine,  la rama de la cultura más condicionada por la ideología de los vencedores. A Benavente, que pide perdón desde el primer momento del final de la guerra, se le prohíbe estrenar hasta 1944 (lo hace con gran éxito con Los niños perdidos en la selva, su 141 título teatral). El Teatro Español de Madrid será dirigido por Luis Escobar Kirkpatrick, marqués de Las Marismillas, notorio falangista en aquella hora y escritor de comedias ligeras para olvidar el hambre y las docenas de fusilados diarios. Se acumulan títulos patrióticos basados en una historia pretérita e idealizada, o comedias irremediablemente cursis: José María Pemán Por la Virgen Capitana 1940; Eduardo Marquina La viuda 1943; Miguel Mihura Ni pobre ni rico sino todo lo contrario; Torrente Ballester Lope de Aguirre 1941;Luis Rosales y Luis Felipe de Vivanco La mejor reina de España 1939…. Se acaba imponiendo la comedia de aires pequeño burgueses, benaventiana, amable, separada radicalmente de los problemas que afectan a la sociedad, una escena teatral sobrealimentada para la nueva clase dirigente, estraperlistas y burguesía todavía espantanda,  por los Pemán, José Calvo Sotelo, Víctor Ruiz Iriarte, Agustín de Foxá, Torcuato Luca de Tena , Edgar Neville…. Solo Jardiel Poncela se sale de lo establecido con su desopilante Eloísa está debajo del almendro.

                El pueblo, el más triste pueblo desde el final de la Guerra de la Independencia, solo tenía la radio (no estaba generalizada), las coplas que corrían en papelinas cantadas en las plazuelas, zarzuelas de medio pelo, verbenas populares mal iluminadas y sesiones dobles en cines de mala muerte, con olores impensables y pipas a los pies (una costumbre traída por los rusos durante la Guerra Civil y extrañamente no prohibida). Pantallas cuajadas de películas americanas (Luz de gas, Me casé con una bruja, Qué verde era mi valle, La loba…) de éxitos nacionales como El clavo, Empezó la boda con una adolescente debutante, Sara Montiel, la extravagante La torre de los jorobados de Edgar Neville (entre el sainete y Nosferatu en una cueva de Madrid), Orosia de Florián Rey, folklore dramatizado del Alto Aragón, comedias banales de Iquino como Fin de Curso, Viviendo al revés y Turbante blanco, todas ellas de 1944 que así era de prolífico. Las películas históricas tuvieron su cuota con Eugenia de Montijo, Lola Montes e Inés de Castro. Y los toros, con Manolete y Domingo Ortega, con los nuevos que empujan Luis Miguel Dominguín, Arruza, Ángel Luis Bienvenida. En ese año de 1944 se logra algo más importante que el reconocimiento diplomático de Méjico (que no llegará hasta 1977), el intercambio de ganaderías y toreros entre ambos mundos taurinos. Ah!!! Y el fútbol, con el Valencia ganando la Liga y el Atleti de Bilbao ganando la Copa del Generalísimo. Los héroes populares han dejado de ser soldados y uniformados, reinas recatadas y heroicas, ahora son toreros y futbolistas, cantantes y cupletistas para ellas (ay! Celia Gámez casándose en Los Jerónimos).  Mientras los niños comenzaron a leer El Guerrero del Antifaz qué, por 1 peseta,  era capaz de alimentar sueños de aventura  durante toda una semana con un Santiago matamoros enamorado de una mora.

                El 28 de Mayo de 1944, Francisco Franco recorre la V Edición de la Feria del Libro, restablecida tras la  Guerra Civil. Calzado y vestido de un blanco que resulta cómico, camisa azul y boina roja, los 78 libreros que se encuentran en la feria, saludan brazo en alto a su paso. Le acompañan unos cuantos falangistas, con el mismo ridículo aparejo, salvo la boina roja y algún militar con cara de perplejidad. Es la imagen cabal que refleja la cultura en el interior de España en aquellos meses que preceden a Nada de Carmen Laforet, y que explican la extrañeza con la que se recibió tal novela.

                En aquel 6 de Enero de 1945, cuando le conceden el primer Premio Nadal a una jovencísima Carmen Laforet, no había vasos comunicantes con la cultura emigrada, con la España peregrina. Un telón de acero, lo impedía. Silencio, salvo para el insulto, sobre Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Rafael Alberti, Luis Cernuda , León Felipe, Juan Rejano, Manuel Altolaguirre, Carles Riba, Max Aub, Arturo Barea, Ramón J. Sender, Francisco Ayala, Benjamín Jarnés, Rosa Chacel,Alejandro Casona, Jacinto Grau, Margarita Xirgu, José Gaos, J.D. García Bacca, José Ferrater Mora, Roces, José Bergamín, María Zambrano, Américo Castro, Claudio Sánchez Albornoz, Salvador de Madariaga , Pedro Bosch Gimpera, Manuel de Falla, Pau Casals, Rodolfo Halfter…entre tantos y tantos.

La Unión de Intelectuales Españoles fundada en París en Octubre de 1944 por Quiroga Pla, Picasso, Corpus Barga, Salvador Bacarisse, Victoria Kent, como sus figuras más representativas, lograron lo mismo que las autoridades republicanas en el exilio, ni un simple arañazo en la solidez pétrea del régimen franquista hasta que se disuelve por consución en 1948. León Felipe la mantuvo como un potente eco de nostalgia en Méjico, sin efectividad, inane, pero con la dignidad debida a tantas voces silenciadas.

 



[1] Gregorio Morán en su “El cura y los mandarines. Historia no oficial del Bosque de los Letrados. Cultura y Política en España, 1962-1996” hace múltiples referencias a todos ellos, y con trata con especial dureza a (López ) Aranguren. 

[2] Vicente Aleixandre también sufrió un “susto” en la Madrid “roja” con una detención en una cheka, de la que le salvó la intercesión de Pablo Neruda.

[3] Historia social de la literatura española (en lengua castellana)  III  Carlos Blanco/Julio Rodríguez/Iris M. Zavala. Edit Castalia

[4] Historia social de la literatura española (en lengua castellana)  III  Carlos Blanco/Julio Rodríguez/Iris M. Zavala. Edit Castalia

domingo, 9 de mayo de 2021

 

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE MARÍA LAFORET DÍAZ (1921-2004)

 

CARMEN LAFORET DIAZ  gana, con su novela Nada, el primer premio Nadal[1], establecido en 1944 por la revista barcelonesa y la editorial Destino, premio que le es entregado el 6 de Enero de 1945 en el Café Chino de las Ramblas de Barcelona, con presencia estricta de los miembros del jurado, Ignacio Agustí (director de la revista Destino y novelista – Mariona Rebull y El viudo Rius entre sus obras más conocidas), Joan Teixidor y José Vergés -fundadores de la Editorial Destino-, Juan Ramón Masoliver –traductor y corresponsal ligado  a la Generación del 27-, Álvaro Ruibal –periodista de amplios intereses- y Rafael Vázquez Zamora. Todos ellos falangistas y “catalanes de Burgos”.

 

I. Contexto histórico - social

Cuando Carmen Laforet es galardonada con el Premio Nadal el 6 de Enero de 1945, solo los más ilusos son capaces de creer que Alemania puede dar la vuelta a su derrota en todos los frentes. En el Oeste, la batalla de las Ardenas ha terminado con  la última y fantasiosa posibilidad de dar un golpe a los aliados, y las maltrechas tropas alemanas se atrincheran en la ribera oriental del Rin. En el Sur, en Italia, las tropas alemanas se van retirando ordenada, pero sin posibilidad de recuperar lo perdido, hacia las llanuras del Po, manteniendo a la vez una agraz lucha con los partisanos, cada vez más activos. En el frente Oriental, los rusos avistan Varsovia desde la ribera derecha del Vístula, la Prusia Oriental es su próximo objetivo y el vientre blando  de Austria y Alemania, la llanura húngara, comienza a verse desbordada por los soldados soviéticos, ayudados por los todavía recientes aliados de los alemanes, búlgaros, rumanos y húngaros, mientras los partisanos yugoeslavos llegan a la frontera italiana. De las antiguas conquistas alemanas, solo Noruega, Dinamarca, una parte de Holanda y de Polonia y toda Checoeslovaquia, sobreviven con algunas plazas fuertes en Bretaña, Creta y Curlandia. La superficie entera del Reich es asolada con casi impunidad por los bombardeos diurnos de la aviación USA y los nocturnos de la RAF, empeñados en hacer de Alemania un lugar inhabitable: sus ciudades, sus centros industriales, sus vías de comunicación son un continuum  de ruinas y agujeros de bombas pesadas, de trenes despanzurrados y de vehículos en las cunetas. La contestación alemana, cientos de cohetes V1 y V2 sobre Londres, Amberes o la ocupada Aquisgrán: apenas 7000 bajas –sobre todo civiles-, ante los cientos de miles de alemanes –sobre todo civiles, más de 500.000-  en la totalidad del territorio del Reich y los territorios ocupados, con especial sufrimiento para la Italia controlada por los alemanes. Las armas milagrosas nunca fueron otra cosa que la alucinación colectiva de un pueblo que se negó en su mayor parte a ver la realidad.

Mientras se prepara el asalto final al maltrecho III Reich, la guerra fría ya se ha iniciado sin que se haya declarado ni siquiera verbalmente. El levantamiento de la guerrilla comunista griega (el ELAS) en Atenas y Salónica a finales de 1944, es rechazado con problemas por el gobierno conservador griego, gracias a la ayuda directa del ejército británico. El mismo Wiston Churchill acude a Atenas el día de Navidad de 1944 para dar su apoyo a las fuerzas conservadoras y monárquicas. También a finales de ese año se produce el reforzamiento de dos gobiernos prosoviéticos, el polaco de Lublín y el húngaro de Debrecen, anunciadores de que Stalin no está dispuesto a dejar el Este de Europa al juego democrático. Churchill lo vio claramente, pero Roosvelt creía necesitar a los soviéticos para derrotar a Japón después de haberlo hecho con Alemania, y no estaba dispuesto a disputar con J. Stalin cuando todavía Alemania había puesto en un brete a los ejércitos aliados en las Ardenas en las últimas semanas de 1944. Pero ese inicio de la guerra fría antes de que se acabara la caliente, explica la supervivencia del franquismo tras finalizar la guerra en Europa. Wiston Churchill lo había dejado meridianamente claro en un discurso ante los Comunes en la primavera de 1944, avalando con su neutralidad al régimen de Franco, lo que le valió la crítica en ambos lados del Atlántico, pero que se acabó convirtiendo en la doctrina oficial de las potencias que ganaron la guerra contra el fascismo.

Aquel 6 de Enero de 1945 murieron cientos, más posiblemente miles de prisioneros en Auschwitz, en Bergen-Belsen (tan cerca de la goethiana Weimar),  en Ravensbruek, en Mauthausen, en Dachau, en los cientos de campos de trabajo y exterminio que formaban el universo concentracionario nazi. Auschwitz no sería evacuado por los alemanes hasta el 17 de Enero de 1945 y la matanza de judíos y de adversarios del régimen nazi, a través de las marchas de la muerte, se sucedieron hasta el día final de la guerra. Alrededor de esa fecha murieron en campos de concentración alemanes, Antonio de la Rosa, Rodríguez Martínez, Mariano Rocafull, Liberio Bailín Pérez, Antonio Montaña…. También ese día de Reyes de 1945, más de 4000 españoles, la mayor parte de ellos republicanos, purgaban pecados “antisoviéticos” en alguno de los campos del gulag.

Aquel 6 de Enero de 1945 en el que Carmen Laforet se convertía en la primera ganadora del Premio Nadal, se publicaba la revista “Destino” con una portada aparente neutra: el patriarca ortodoxo de Atenas sobre el fondo de la Plaza Sintagma (qué nombre tan gramatical, en griego clásico “agrupación ordenada-constitución”), en una ceremonia militar, celebrando -seguro- la derrota de los comunistas del ELAS en el levantamiento que dio la señal de salida para la cruel guerra civil griega. El repliegue del régimen franquista en su apoyo –casi- incondicional al Eje había comenzado a decaer ya antes de las primeras y clamorosas derrotas nazis, cuando Serrano Suñer, el cuñadísimo tan afín a un alianza con el Eje¸ es despedido en Octubre de 1942[2] –antes de Stalingrado- por su  vinculación con la política pronazi, ya poco tolerable desde la entrada de Estados Unidos en la guerra en Diciembre de 1941, de quien dependen los suministros de combustible y de alimentos, y que tan bien sabrán utilizar como palo y zanahoria hasta el fin del conflicto. Tras Stalingrado y Túnez, las dos grandes derrotas de los ejércitos del Eje a principios de 1943, anunciadoras de una progresiva regresión que no se detendría hasta el final de la guerra, los pasos del régimen franquista serán más decididos. Aunque se mantenía una fidelidad soterrada al III Reich, el repliegue en la prensa y la propaganda es evidente modificando el tono claramente fascista previo a esas derrotas nazis (sin perder nunca la condescendencia), acentuadas en 1943 y 1944, con el desembarco de los aliados occidentales en África y la caída de Mussolini como claros puntos de inflexión. La retirada de la División Azul en Agosto de 1943, tras la dura derrota alemana en Kursk y la invasión de Italia por los aliados, y el paso de la “no beligerancia” a la “neutralidad”, son pasos que definen la política exterior franquista en esa segunda parte de la II Guerra Mundial en Europa. Franco se niega a reconocer la República de Saló, el estado títere de Mussolini, a quien tanto debe en su victoria;  retirará la Legión Española del frente ruso, y negará el wolframio que necesitan los alemanes para su industria de guerra (aunque permitirá un manifiesto contrabando de ese material estratégico). A partir de ese momento, el empeño de la política exterior franquista se empeñará en lograr una paz entre los Aliados occidentales y el Eje, para dirigir sus esfuerzos bélicos contra la Rusia soviética, una propuesta que lógicamente caía una y otra vez  en saco roto. Pero el papel de los ministros de Asuntos Exteriores, el general Gómez Jordana primero y Lequerica tras la muerte del primero, es un giro inequívoco en la forma en la que España se vincula a los bandos en guerra.

Ese 6 de Enero de 1945,  el régimen, sin dejar de reprimir, ha hecho ya una limpieza –física, laboral y moral- de sus adversarios políticos suficientemente brutal como para colocarlos al borde la aniquilación, comienza un repliegue defensivo que se acentúa tras la liberación de Francia por los aliados, la fallida invasión en Octubre de 1944 del Valle de Arán por tropas de la Unión Nacional (un entramado del Partido Comunista con no menos de 4000 “guerrilleros”) y el reforzamiento de las guerrillas (se utiliza el galicismo maquis para desprestigiarlas), que no pusieron nunca en peligro la estabilidad del régimen, pero que se constituyeron en un factor de preocupación para el poder, incrementada tras el aislamiento internacional a que se ve sometido el régimen franquista durante los años 1945 a 1950 (en Febrero de 1945, Francia cierra su frontera). Un período en el que se va enterrando la simbología fascista, para dar paso a un progresivo afán nacional-militarista y el más visible  nacional-católico, no menos opresivo, pero más vendible ante los nuevos amos del mundo occidentales, Estados Unidos sobre todo, que cuenta con importantes medios de información católicos, que ya apoyaron de forma casi total a la España “nacional” durante la Guerra Civil (la visita del Cardenal Spellman a Franco en Febrero de 1943, enviado por F.D. Roosevelt es una prueba de esa connivencia). Recurriendo a Ortega, son años de una nueva “tibetanización”, un recurso orteguiano que estructura durante su exilio lisboeta, superponiendo la España del XVII a la del franquismo, vencedor de la Guerra Civil, pero perdedor en su alianza con el Eje, obligado a una retirada interior, de autarquía económica y cultural, apoyada en la doble columna omnipresente  del  ejército vencedor  y de una iglesia, que sigue dando patente de Cruzada a la Guerra Civil y justificando la venganza posterior. Mientras, el régimen se vende como el “chivo expiatorio” de sus enemigos tradicionales, el comunismo y la masonería, renunciando como enemigo al judaísmo internacional tan recurrente hasta el año 1942. Y el mismo Franco en una interview con un influyente periodista norteamericano, introduce en 1944 la palabra hasta entonces maldita “democracia”, para añadirle el calificativo “orgánica”, tan desvirtuadora como grotesca, para definir al régimen. Comienza la época en que su eminencia gris, L. Carrero Blanco no deja de repetirle orden, unidad y aguantar.

El entorno social de aquel 6 de Enero de 1945 era el propio de una posguerra miserable en el entorno de una guerra mundial devastadora. Los años del hambre no habían terminado (tal vez los años 1945 y 1946 fueron los más duros), las cartillas de racionamiento suponían restricciones dietéticas cercanas al hambre pura y dura para amplias capas de población urbana y jornalera, castigadas por una pérdida de capacidad adquisitiva por la inflación y los bajos salarios (sufrieron una merma del 75% de su poder entre 1936 y 1945), sin capacidad para defenderse por la poda realizada durante y tras el final de la guerra civil de cualquier referente opositor.  El rechazo de los vencedores de la moneda republicana, conllevó la miseria absoluta para los habitantes de la España derrotada. Las malas cosechas del quinquenio 1940-1945 fueron un lastre más para las clases menos pudientes (se perdió el 30% de la producción agrícola en años de difícil importación de alimentos, la pertinaz sequía) y el precio del pan, la principal fuente de calorías para las clases populares, subió de forma desesperante. El mercado negro – el estraperlo- incrementó más aún el sufrimiento de la mayoría que menos tenía e hizo de la corrupción una pandemia de inmoralidad. Las muertes por hambre no eran infrecuentes en aquellos tiempos, la desnutrición y el daño moral[3] de los vencidos, propiciaba la presencia de tifus, tuberculosis, enfermedades carenciales, parasitarias (el piojo verde y la sarna) e infecciosas de todo tipo, cuando apenas la droga milagrosa de la penicilina había comenzado a aparecer en el mercado negro en 1943. Hay que considerar que una parte significativa de la población española ya estaba sumamente débil tras las restricciones alimentarias de la España republicana (muy notoria a partir de 1938, las lentejas de Negrín) Llovía sobre mojado para la mayoría de los 25 millones de habitantes que tenía el país en aquel año.  No menos de 40.000 presos políticos  permanecían en las cárceles franquistas aquel 6 de Enero de 1945, en condiciones más que lamentables[4],  y en el curso de aquel año anterior fueron fusiladas alrededor de  800 personas, cinco años después de terminada la Guerra Civil.

La pobreza de combustibles, los frecuentes apagones eléctricos, el frío inmisericorde de los hogares pobres (que eran la mayoría), daban un tono gris y entristecido a la vida de la mayor parte de la población, más notoria en las grandes urbes, una población aterrorizada, incapacitada para la rebeldía, “susurrante[5], en contraste con latifundistas, conseguidores, estraperlistas, gentes del régimen, con su cuartel general en Chicote, que mostraban con plena impudicia su riqueza y su habitual falta de educación, aprovechándose de la miseria general, consiguiendo servicio por la comida y haciendo de la prostitución el lugar final de tantas jóvenes para calmar el hambre o lograr un mínimo de bienes de consumo, como muestra el mejor Cela en La Colmena. Los 104 lupanares de Barcelona y sus 1560 prostitutas registradas (la prostitución era legal dentro de los burdeles) eran la punta del iceberg de la obligada elección de tantas mujeres para luchar por su vida o por la de los suyos. El lema del momento para el régimen “ni un hogar sin lumbre, ni un español sin pan” habla a las claras de cuál era la realidad de la que no  podía escapar ni la propaganda.

 Dionisio Ridruejo, falangista, fascista de primera hora, que derivó gracias a su honradez hacia la socialdemocracia  y la oposición al franquismo, dice

Los años cuarenta fueron, para la base más amplia de la población, años de dolor, hambre, vejación y miedo en un régimen de “salvoconductos” para viajar y de “cartillas” para adquirir miserables raciones. Fueron también años de euforia frívola, ofensiva, en la reducida clase, profundamente vulgarizada, de los mandarines sin respeto y los ricos especuladores”

Mientras esto sucede en el interior de la muy desdichada España ese 6 de Enero de 1945, la oposición al régimen se mueve en el círculo monárquico de un reconvertido a la democracia Juan III, a quien ni siquiera el apoyo –verbal- de varios importantes  generales franquistas, ha dado la más mínima posibilidad de lograr una restauración monárquica. La oposición se mueve sobre todo en Francia –donde permanecieron la mayor parte de los exiliados republicanos- con más fantasía que cabeza. La división creada ya durante la Guerra Civil entre los comunistas y la práctica totalidad de las fuerzas republicanas, se reproduce mientras se espera el final de la II Guerra Mundial, haciendo despreciables los esfuerzos de mostrar un frente unido a los aliados occidentales en quien se confía puedan sacar a Franco de su silla dictatorial. Ya se ha demostrado inútil esperar una movilización interior tras el fracaso de la invasión de Arán o la extensión de la guerrilla por diversos “frentes” rurales o incluso urbanos. La represión ha sido tan brutal, el agotamiento  es tan intenso, que nada cabe esperar del “frente interior”, a pesar de la propaganda y de los rumores que corren los círculos republicanos, “legitimistas” del sur de Francia. La pelea entre los dos servicios de apoyo a los refugiados republicanos, el SERE negrinista y el JARE prietista, no eran una buena carta de representación de la legitimidad republicana. Los aparatos legales de la II República estuvieron en Méjico hasta bien entrado el año 1946, lo que demuestra una absoluta falta de sentido político ante el rechazo que suscitaba el régimen de Franco en Europa cuando se estaba a punto de apuntillar el nazismo. Y los avatares de los diferentes gobiernos republicanos en el exilio, fueron más propios de un vodevil que expresivos  del dolor de la población española que tenía que seguir soportando al régimen franquista. De los nacionalistas vascos y catalanes solo cabe esperar en esos tiempos egoísmo y miseria moral, haciendo todavía más esperpéntica la situación para los republicanos, afianzando con sus divisiones y sus contiendas personales al franquismo.

La guerra fría tenía ya su definición gracias al telón de acero que bautizó W. Churchill el 5 de Marzo de 1946 en el Wetsminter College delante de H. Truman.  Las esperanzas de una intervención de los aliados occidentales para un restablecimiento de un régimen democrático en España se esfumaron.



[1] Se llama así en homenaje al que fue redactor jefe de la revista “Destino”, Eugenio Nadal Gaya muerto a los 27 años de edad. La revista “DESTINO. Semanario de FET y de las JONS” (llamada así por aquel joseantoniano “España es una unidad de destino en lo universal”), fue creada por los catalanes de Burgos, que siguió su recorrido en Barcelona tras el final de la Guerra Civil, incorporándose Agustí, Masoliver  y un poco más tardíamente Josep Pla, girando progresivamente de sus inicios falangistas a postulados liberales y aperturistas, lo que hizo que tuviera choques con el régimen franquista. Comprado por Pujol en la década de los 70, cerró en 1980 tras haber acogido a la práctica totalidad de las firmas de la cultura española de esas cuatro décadas.

[2] Franco aprovecha el llamado “incidente de Begoña” donde unos falangistas atacan una ceremonia religiosa carlista, para llevar a cabo una amplia remodelación gubernamental, cuya víctima fundamental  es su cuñado, al que ya había dado pista de distanciamiento. La interpretación de la caída de Serrano Suñer debe hacerse más en clave interna (el famoso equilibrio de poderes que propició Franco) que por motivos internacionales, según algunos historiadores.

[3] Aumentaron los suicidios de forma considerable, posiblemente un 30% más que en la época anterior a la Guerra Civil

[4] A las superpobladas cárceles, había que añadir otros 18.000 presos comunes.

[5] Es el término que Orlando Figes utiliza para definir la actitud de la población soviética durante el estalinismo.

domingo, 2 de mayo de 2021

EL CURA Y LOS MANDARINES. Historia no oficial del bosque de los letrados . Cultura y política en  España 1962-1976
GREGORIO MORÁN 
Edit. AKAL

Ejemplar disponible en la Biblioteca de Huesca 


Tengo que reconocer que me asustaban las 700 páginas de este texto. Y por ello he tardado en leerlo, pero una vez que comencé fue difícil dejarlo y su lectura ha sido como leer una triste novela de aventuras. 700 páginas sabidas ya previamente como vitriólicas, en torno al antepenúltimo duque de Alba, el inefable Jesús Aguirre, que sirve de hilo conductor para hacer una irreverente puesta a punto de la falsaria vida de los pretendidos intelectuales españoles  en el tardofranquismo y en los primeros, y ya cansinos, 25 años de nuestra doliente democracia. Ni un solo punto de piedad para tanto suplantador de la verdad, la constelación de toda una generación que vivió del franquismo y para el franquismo, porque le silencio es cómplice, dando con frecuencia una voltereta ideológica que les llevó del añil al rojo, del incienso al chanel nº 5,  sin rubor, escudándose en la tan manida como artera "oposición silenciosa". Pero el texto de Morán no es solo político, es también crítico en el sentido que Karl Kraus supo darle a la esa palabra en la Viena fin de siecle, dando el escaso valor que tiene la producción literaria, ensayística, literaria de los mandarines que coparon la cultura (sic) española en el tardofranquismo, heredero directo del franquismo puro y duro de posguerra que no dejó asomar su pata hasta aquél 27 de Septiembre de 1974, cuando dio su último zarpazo. que siguió tras la muerte del caimán, hay que recordar Canciones para después de una guerra no fue mucho mejor. 
    De La Granja a la bodeguilla no hay demasiada distancia. El intleectual orgánico del franquismo devino en el intelectual orgánico de los abajo firmantes , bien sea para entrar el la OTAN  o para lo que  precise el poder que los curos de verano, las conferencias en las taifas automómicas, las presentaciones de fastos, de los artículos en El País son el caviar nuestro de cada día. Y la lista es tan amplia como la falta de decencia de los incluídos en ella.  Como en Sodoma y Gomorra, Gregorio Morán no encuentra suficientes  justos que no hayan participado en el festín, como para detener el castigo -no divino en este caso, sino de la crítica futura- que merece la cultura española finisecular. el epílogo sobre el destino de los hihos de algunos manadarines no deja de er paradigmático. Y como eje conductor el cura Aguirre, historia de una ambición, un personaje digno de la pluma de Stendhal, pero que acaba en sombra de Revilla el de las anchoas..
    Ninguna concesión, no hay prisioneros, una acidez que no oculta la sabiduría y, a pesar de tod, la ponderación. Imprescindible. 

EL HOMBRE DE LA BATA ROJA JULIAN BARNES  ANAGRAMA 2021  Ejemplar en la Biblioteca Pública de Huesca  A través de la vida de Samuel Pozzi, el...