2. ANIVERSARIO DEL
NACIMIENTO DE MARÍA LAFORET DÍAZ (1921-2004)
MIGUEL
ÁNGEL DE UÑA MATEOS
II CONTEXTO CULTURAL
Tras el final de la Guerra
Civil, la cultura en España, sigue los moldes ya establecidos en la zona
“nacional” desde su consolidación en las primeras semanas que siguieron al 18
de Julio de 1936. La cultura española, tendrá otro perfil entre los creadores
de la llamada España peregrina, la
del exilio, que siguió ajustándose a dinámica
propia de la Edad de Plata de la cultura española, que inicia su
andadura en la generación del 98 y su acmé en la del 27, por controvertidos que
sean los conceptos de “generación”.
Desterrar el laicismo, reafirmar
el catolicismo, el medievalismo idealizado en la suma de la cruz y la espada, vindicar
como actuales las glorias del imperio –sobre todo filipino- sin ninguna crítica
a sus excesos y carencias….fueron los ejes que determinaron la cultura de
posguerra, de una larga, larguísima posguerra, la “larga noche de piedra” que tan bien calificó Celso Emilio Ferreiro.
Toda la fraseología del régimen y toda su capacidad legislativa, se pusieron en
marcha para conseguir el objetivo de una uniformidad de temas y de tonos en la
glorificación de la victoria y el descrédito de las ideas de los vencidos. La
verdadera literatura franquista, la literatura que importa socialmente se
destila en el B.O.E, con el nuevo Código
Penal alumbrado en ese Enero de 1945, refundición del anterior de 1932 con
leyes como la Ley de Responsabilidades Políticas de 1939, la Ley Especial
contra la francmasonería y el comunismo de 1940 y la Ley de Seguridad del
Estado de 1941. O la Ley de Ordenación Universitaria de 1943 que se proponía “arrancar de la docencia y la creación científica la neutralidad
ideológica y desterrar el laicismo, para formar una nueva juventud poseída de aquel principio agustiniano de que
mucha ciencia nos acerca al Ser Supremo” en las palabras de José Ibáñez
Martín, Ministro de Educación. El fascismo rampante nunca fue un verdadero eje
ideológico (faltaba épica wagneriana para eso y sobraba espíritu zarzuelero),
pero sí lo fue el catolicismo más rancio y el aherrojamiento de lo femenino
como ente autónomo, con la Sección Femenina organizando la vida de la mujer en
connivencia con la iglesia católica. En 1944 la literatura de Luisa Mª de
Aramburu o de Isabel García Suárez, dirigida a la mujer, no hace sino apuntalar
el destino manifiesto que el régimen
quiere para la mujer.
De los
restos de la generación del 98, Azorín se hace perdonar sus ya muy antiguas
veleidades anarcoides con una producción totalmente neutra, y Pío Baroja tras
el susto de los primeros días de la guerra a cuenta de los requetés y exiliarse
a Francia por ello, volvió a la España “nacional” en 1937 y de forma definitiva
en 1940, cuando la sombra de la invasión alemana cubría París. Don Pío había
perdido su capacidad narrativa, y su libertad, cuando “se” deja publicar su Comunistas, judíos y demás ralea, prologado
por el logorreico fascistoide Ernesto Giménez Caballero. Tras su vuelta a
España, apenas hará algo de valor literario más allá de sus memorias. Manuel
Machado también tuvo su susto en el Burgos “nacional” y desde ese momento se
alinea sin recovecos a la glorificación de los vencedores, obra culminada con “Al sable del Caudillo” cuando cayó
Madrid, pocas semanas después de haber llegado a velar los restos de su hermano
Antonio y de su madre en Collioure.
De la
generación del 27, permanecen en España Vicente Aleixandre, Gerardo Diego y
Dámaso Alonso, que romperá la incensaria azulañil cultura franquista con sus Hijos de la Ira, ya en 1944 cuando las
veleidades fascistoides del régimen quedan relegadas a los cuartos de banderas
y a las mesas de redacción de la mayor parte de los periódicos.
La “gran cultura” se organiza a
través del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que nace en
1939 con el afán “de conjugar las
lecciones más puras de la Tradición universal y católica con las exigencias de
la modernidad”. Infiltrado desde el primer momento por el naciente Opus
Dei, será el faro de la cultura (sic) nacional-católica a través de figuras
cono Pérez Embid, Raimundo Pankiker o Rafael Calvo Serer. Camino, la obra seminal de José María Escrivá de Balaguer (sic),
apenas vendería 2000 ejemplares tras su edición en 1939, pero su cosecha sería
tan abundante, que ya en 1944, la revista del Opus, Arbor, pasaría a ser la oficial del CSIC que multiplica su interés
por las ciencias “sociales”, sobre las materias científicas.
Los tiempos de posguerra son
momentos de nacimiento de revistas falangistas, la más importante y cuidada de
ellas Escorial (1940-1950) editada por la Delegación Nacional de Prensa y
Propaganda de Falange Española Tradicionalista y de las JONS. Nació por
iniciativa del grupo falangista Musa
Musae: Dionisio Ridruejo, Rafael Sánchez Mazas, José María Alfaro, Adriano
del Valle, José María de Cossío, Manuel Machado.. Sus fundadores Dionisio
Ridruejo (director hasta que se marchó con la División Azul en 1942), Laín
Entralgo, Antonio Tovar, Luis Rosales, Luis Felipe Vivanco, Torrente Ballester,
José L. López Aranguren (luego se borró
el López)….
Una revista que nace con ánimo de consolidar la matriz fascista del régimen, y
que irá derivando a políticas “liberales”, de integración de los “no adictos”
hasta donde era posible en aquellos duros años. No entraba en sus cuidadas
páginas Miguel Hernández, muerto en la prisión de Alicante en 1942. Escorial recuperaba al “buen” Antonio
Machado de Campos de Castilla, pero
ni un paso más.
Otra revista falangista fue Garcilaso. Juventud creadora (1943-1946), que nace en la tertulia
del Café Gijón, con Germán Bleiberg,
José García Nieto, Vicente Gaos, Rafael Montesinos, Luis Felipe Vivanco, Leopoldo
Panero, Luis Rosales, con colaboración de Gerardo Diego y José María Valverde,
haciendo del “garcilasismo” una
vuelta al clasicismo, a la métrica estricta, a la absoluta claridad, como oposición a las vanguardias. En
realidad, construir un escudo contra la triste realidad de una sociedad
miserable en lo económico y sobre todo en lo moral. También desde el
falangismo, pero muy distante del garcilasismo,
nació desde la tertulia de la librería
Azcárate de León, Espadaña (1944-1951),
con Antonio González de Lama, Eugenio García de Nora y Victoriano Crémer, con
ánimo de vanguardia (hasta el punto de ser tildada de tremendista) y de verdadera integración de voces ajenas al régimen,
lo que fue posible tras el final de la II Guerra Mundial. Ya hemos hablado de
la barcelonesa (primero burgalesa), Destino
(“España, unidad de destino en lo
universal” José Antonio dixit)
nacida en 1937 y fundada por los falangistas (los catalanes de Burgos) Xavier de Salas, José María Fontana, José
Vergés, Ignacio Agustí. La participación de Josep Pla a partir de 1940 fue
fundamental para su consolidación y para una progresiva apertura que en 1945
era ya notoria en el árido escenario de la cultura española de esa época.
No muy lejos del falangismo, nace en 1944 (y solo dura
hasta 1946, aunque luego renace) La
Estafeta Literaria fundada por Juan Aparicio (director de la Delegación
Nacional de Prensa), intentando recuperar la revista que Giménez Caballero
fundó en la República antes de ser un corifeo fascista. Intenta conciliar a las distintas corrientes
literarias contando con firmas como Víctor Ruiz Iriarte, José García Nieto y
Camilo José Cela entre otros.
En 1944, Hijos de la
Ira (rehumanización de la poesía dice
Alarcos) de Dámaso Alonso rompe el
lago prístino en que quiere reflejarse la poesía de la España franquista a base
de negar la realidad, un exabrupto
existencialista que tiene una difícil explicación dentro del rígido control de
la censura franquista
Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres
(según las últimas estadísticas)
……………………………………………………………………………………………………………………………
Y paso largas horas preguntándole a Dios,
preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma
Por qué se pudren más de un millón de cadáveres en
esta ciudad de Madrid
Por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente
en el mundo…
La
publicación ese mismo año de Sombra del
Paraíso (con versos a su complicada amante María Valls y crípticos sobre
sus relaciones homosexuales) de Vicente Aleixandre,
establecido en su doble exilio interior, político y sexual, de la calle
Wellingtonia 3, significa el renacimiento de la generación del 27 en la España
franquista, claramente alineados con la poesía
desarraigada, tan cercana al tremendismo
de Espadaña. Gerardo Diego, sin
embargo, había optado por la línea garcilasista
o tradicional, con Ángeles de Compostela de 1940, con Alondra de verdad de 1941, con su Romancero de la novia de 1944, plenamente
integrados en la poesía arraigada,
sonetos impecables llenos de una pureza ajena a los tiempos. Como una
extravagancia, Pío Baroja publica en 1944, Canciones
de suburbio, prologado por Azorín que es recibido duramente por la crítica
literaria.
La narrativa de aquellos años es
la propia de los “heroicos” tiempos que se viven, con la recapitulación de la
Guerra Civil desde la perspectiva de los vencedores, la única posible. El puente de Giménez Arnau; La fiel infantería de Rafael García
Serano; las obras de Cecilio Benítez Blanco o de Pedro de Lorenzo, hoy
totalmente olvidados. La obra anecdótica de un tal Jaime de Andrade, seudónimo
de F. Franco, con Raza, éxito
cinematográfico con su no-sosias Alfredo Mayo. Torrente Ballester destila una
pretenciosa Javier Mariño. Historia de
una conversión en 1943, viéndose obligado a modificar el final tras la
retirada de la novela por la censura cuando ya se había comercializado. Ignacio
Agustí, retoma la tradición de la novela burguesa decimonónica con Los
surcos (1942) y sobre todo con su ciclo La
ceniza fue árbol, destacando Mariona
Rebull y El viudo Rius,
publicados en 1943 y 1944. Más interesante El
bosque inanimado de Wenceslao Fernández Flórez (1943), que publica también Zarabanda en 1944. Azorín es premiado en
su fidelidad publicando en 1944 Obras
Selectas¸ con el parabién de la crítica bienpensante, la única posible.
En el criterio de Carlos Blanco el als,
tal vez el más dotado de los escritores “burgueses” fue JUAN ANTONIO ZUNZUNEGUI
(tras la muerte de Baroja, ocupó su sillón en la Academia), cercano al
naturalismo, con gran manejo de la ironía y el sarcasmo, un observador objetivo
de un mundo que disecciona con viveza, “testigo
de cargo de la sociedad actual”, pero sin abandonar un carácter aristocratizante
en su crítica. El chipindale 1939, ¡Ay…estos hijos! 1943, recreaciones de la burguesía bilbaína de
preguerra, El barco de la muerte 1945
con un pesimismo y una ironía abrumadora
Pero al igual que sucedió con Hijos de la Ira, la figura de la novelística
surgida en la inmediata posguerra es la Camilo José Cela qué, independiente de su miserable
trayectoria personal y política, publica en 1942 La familia de Pascual Duarte una obra personal con ecos
galdosianos, valleinclanescos, barojianos y solanescos “de
patetismo estremecedor y oscuro, de expresividad bronca y agresiva
…Existencialismo (no han faltado imposibles comparaciones entre la familia de
Pascual Duarte y L’Étranger, de Camus) …determinismo naturalista y tremendismo integran la
poderosa narración de Cela…
Tras el éxito de La familia de
Pascual Duarte publica Pabellón de
reposo 1943 y Nuevas andanzas y
desventuras de Lazarillo de Tormes que
nada tienen que ver con la genialidad rupturista que supuso La familia de Pascual Duarte en el tosco
panorama de la narrativa de la época.
El teatro es con el cine, la rama de la cultura más condicionada por la
ideología de los vencedores. A Benavente, que pide perdón desde el primer
momento del final de la guerra, se le prohíbe estrenar hasta 1944 (lo hace con
gran éxito con Los niños perdidos en la
selva, su 141 título teatral). El Teatro Español de Madrid será dirigido
por Luis Escobar Kirkpatrick, marqués de Las Marismillas, notorio falangista en
aquella hora y escritor de comedias ligeras para olvidar el hambre y las
docenas de fusilados diarios. Se acumulan títulos patrióticos basados en una
historia pretérita e idealizada, o comedias irremediablemente cursis: José
María Pemán Por la Virgen Capitana 1940;
Eduardo Marquina La viuda 1943; Miguel
Mihura Ni pobre ni rico sino todo lo
contrario; Torrente Ballester Lope de
Aguirre 1941;Luis Rosales y Luis Felipe de Vivanco La mejor reina de España 1939…. Se acaba imponiendo la comedia de
aires pequeño burgueses, benaventiana, amable, separada radicalmente de los
problemas que afectan a la sociedad, una escena teatral sobrealimentada para la
nueva clase dirigente, estraperlistas y burguesía todavía espantanda, por los Pemán, José Calvo Sotelo, Víctor Ruiz
Iriarte, Agustín de Foxá, Torcuato Luca de Tena , Edgar Neville…. Solo Jardiel
Poncela se sale de lo establecido con su desopilante Eloísa está debajo del almendro.
El pueblo, el más triste
pueblo desde el final de la Guerra de la Independencia, solo tenía la radio (no
estaba generalizada), las coplas que corrían en papelinas cantadas en las
plazuelas, zarzuelas de medio pelo, verbenas populares mal iluminadas y
sesiones dobles en cines de mala muerte, con olores impensables y pipas a los
pies (una costumbre traída por los rusos durante la Guerra Civil y extrañamente
no prohibida). Pantallas cuajadas de películas americanas (Luz de gas, Me casé con una bruja, Qué verde era mi valle, La loba…) de éxitos nacionales como El clavo, Empezó la boda con una
adolescente debutante, Sara Montiel, la extravagante La torre de los jorobados de Edgar Neville (entre el sainete y
Nosferatu en una cueva de Madrid), Orosia
de Florián Rey, folklore dramatizado del Alto Aragón, comedias banales de
Iquino como Fin de Curso, Viviendo al
revés y Turbante blanco, todas
ellas de 1944 que así era de prolífico. Las películas históricas tuvieron su
cuota con Eugenia de Montijo, Lola Montes
e Inés de Castro. Y los toros,
con Manolete y Domingo Ortega, con los nuevos que empujan Luis Miguel
Dominguín, Arruza, Ángel Luis Bienvenida. En ese año de 1944 se logra algo más
importante que el reconocimiento diplomático de Méjico (que no llegará hasta
1977), el intercambio de ganaderías y toreros entre ambos mundos taurinos.
Ah!!! Y el fútbol, con el Valencia ganando la Liga y el Atleti de Bilbao
ganando la Copa del Generalísimo. Los héroes populares han dejado de ser
soldados y uniformados, reinas recatadas y heroicas, ahora son toreros y
futbolistas, cantantes y cupletistas para ellas (ay! Celia Gámez casándose en
Los Jerónimos). Mientras los niños comenzaron
a leer El Guerrero del Antifaz qué,
por 1 peseta, era capaz de alimentar
sueños de aventura durante toda una
semana con un Santiago matamoros enamorado de una mora.
El 28 de Mayo de 1944,
Francisco Franco recorre la V Edición de la Feria del Libro, restablecida tras
la Guerra Civil. Calzado y vestido de un
blanco que resulta cómico, camisa azul y boina roja, los 78 libreros que se
encuentran en la feria, saludan brazo en alto a su paso. Le acompañan unos
cuantos falangistas, con el mismo ridículo aparejo, salvo la boina roja y algún
militar con cara de perplejidad. Es la imagen cabal que refleja la cultura en
el interior de España en aquellos meses que preceden a Nada de Carmen Laforet, y que explican la extrañeza con la que se
recibió tal novela.
En
aquel 6 de Enero de 1945, cuando le conceden el primer Premio Nadal a una
jovencísima Carmen Laforet, no había vasos comunicantes con la cultura
emigrada, con la España peregrina. Un
telón de acero, lo impedía. Silencio, salvo para el insulto, sobre Antonio
Machado, Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Rafael Alberti, Luis
Cernuda , León Felipe, Juan Rejano, Manuel Altolaguirre, Carles Riba, Max Aub,
Arturo Barea, Ramón J. Sender, Francisco Ayala, Benjamín Jarnés, Rosa Chacel,Alejandro
Casona, Jacinto Grau, Margarita Xirgu, José Gaos, J.D. García Bacca, José
Ferrater Mora, Roces, José Bergamín, María Zambrano, Américo Castro, Claudio
Sánchez Albornoz, Salvador de Madariaga , Pedro Bosch Gimpera, Manuel de Falla,
Pau Casals, Rodolfo Halfter…entre tantos y tantos.
La Unión de Intelectuales Españoles
fundada en París en Octubre de 1944 por Quiroga Pla, Picasso, Corpus Barga,
Salvador Bacarisse, Victoria Kent, como sus figuras más representativas,
lograron lo mismo que las autoridades republicanas en el exilio, ni un simple
arañazo en la solidez pétrea del régimen franquista hasta que se disuelve por
consución en 1948. León Felipe la mantuvo como un potente eco de nostalgia en
Méjico, sin efectividad, inane, pero con la dignidad debida a tantas voces
silenciadas.