domingo, 4 de julio de 2021

LA HUELLA DE LOS DÍAS

 


LA HUELLA DE LOS DÍAS[1]. La adicción y sus repercusiones.

LESLIE JAMISON

ANAGRAMA ARGUMENTOS. Barcelona 2020. 607 pag.

MIGUEL ÁNGEL DE UÑA MATEOS. Revista "ENCUENTROS"

 

Fascinado por su libro “El anzuelo del Diablo. Sobre la empatía y el dolor de los otros”, un conjunto de ensayos dispares pero casi todos apasionantes, leo este nuevo libro de Leslie Jameson (1983). Es algo más que un recorrido por las fases típicas de un alcohólico que deja de serlo, contadas con una sinceridad inhabitual en primera persona, mostrando miserias personales con un inusual franqueza que solo el tono, aparentemente ligero, hace soportable en algunos momentos cuando habla del hundimiento progresivo en su adicción. Prototipo, y a la vez lejana a la imagen “oficial” del minelial, la obra tiene algo de etnográfico, dando conocimiento de los valores y miserias de esa generación,  que consume sustancias psicoactivas de forma casi generalizada.  Su libro es también una descripción de la sociedad norteamericana, nada complaciente con sus autoridades políticas, judiciales y asistenciales, pero denotando  la capacidad de ayuda que se genera desde una sociedad acostumbrada a una gestión no estrictamente gubernamental.

            Leslie Jamison nos ofrece la imagen agria, sin idealización alguna, denunciando la mitificación  que el alcohol ha tenido en la tan publicitada “anormalidad” de los creadores, el malditidismo obligado como accesorio preciso para articular la genialidad, y en el cual el alcohol y otras sustancias han tenido un papel cardinal. Durante su paso por el prestigioso Writer’s Workshop de la Universidad de Iowa no pudo sustraerse del mito alcohólico sustentado por algunos de sus más ilustres profesores, los narradores Richard Yates, John Cheever o Georges Cain (heroinómano, autor de una sola y gran novela), los poetas confesionalistas, Robert Lowell, y sobre todo John Berryman (suicida por depresivo y alcohólico), arropados por el manto de excelencia creativa  tejido por Poe, Faulkner, Fitzgeral y Hemingway.

 Aunque, como ella reconoce es “una historia que se ha contado en multitud de ocasiones antes” el halo generacional le da un valor añadido a su narración, al añadir síntomas asociados a la toxicomanía: autolesiones, trastorno de conducta alimenticia, promiscuidad, aborto… a sumar a las clásicas lacras y estigmas (sin connotación moral) que han sido propias desde que el alcohol y  sustancias psicoactivas se introdujeron en la vida humana, desbordando su primigenio papel ceremonial o religioso. Y aunque reconoce en sí misma motivos que pueden explicar su conducta adictiva, y da datos sobre factores genéticos o idiosincrasia bioquímica como facilitadores, al final lo que define el alcoholismo o cualquier otra toxicomanía, es que llega un momento en que carece de significado “hacía mucho tiempo que el porqué había dejado de tener importancia: eras un borracho, no había vuelta de hoja”. Solo a partir de esa constatación es capaz de iniciar un proceso de recuperación, que en su caso está ligado al entramado (casi universal en USA) de Alcohólicos Anónimos, que tras una recaída, constituyó su tabla de salvación, aunque reconoce que su capacidad terapeútica no es superior a otras dinámicas rehabilitadoras. Y apoya el uso de fármacos durante el período de rehabilitación, así como los programas de reducción de daños, dado que no puede pretenderse conseguir de todos los toxicómanos los mismos resultados. La necesidad en todo caso de que “los veamos como personas, y los tratemos como personas” superando criterios morales y penalizadores, responsables de la cifra de medio millón de reclusos que purgan delitos relacionados con las drogas en EEUU.

            Autobiografía descarnada, narración de docenas de vidas destruídas por los tóxicos y renacidas  porque siempre cabe la esperanza, crítica sociológica, descubridora de de vidas apasionantes y desgraciadas (Billie Holliday o Jean Rhys entre tantas), pero sobre todo una lección de caída y de recuperación escrita desde una desgarradora sinceridad. No es un libro de texto, es tan subjetivo como una gran novela, pero creo que sirve para entender desde dentro el proceso de degradación y de reconstrucción que viven tantos y tantos.

        Aprovecho un largo viaje para releer  a una de las autoras más citadas por Leslie Jameson, Jean Rhys, el prototipo de alcohólica y gran escritora, que deja en sus personajes el poso de su propia experiencia como dura bebedora. Leo "Ancho mar de los sargazos", tal vez su libro más conocido por  ser, se diría ahora la "precuela", el inicio imaginado de "Jean Eyre" de Charlotte Bront. La historia de la desgraciada loca del ático de la mansión Manson, que acaba quemando la casa y arrojándose al vacío. Una obra que sí tuvo reconocimiento de la crítica y que devolvio a Jean Rhys a los anaqueles de las librerías. Una obra feminista sin alharacas, sin más exceso que el de defender la libertad femenina en el contexto de una sociedad que la ahogaba. Una obra sensual, que no precisa de la descripción casi sicalíptica para hacer del sexo (y de su ausencia) un violento motivador de la desdicha. Una obra maestra. 



[1] The recovering. And its Aftermath Intoxication es el título en inglés. El elegido para la edición española se antoja el reverso de una exitosa novela, “Días sin huella” (1944) de CHARLES JACKSON, narración en parte autobiográfica, sobre la destrucción provocada por  el alcohol a un aspirante a escritor. Llevada al cine por Billy Wilder en 1945 (edulcorando el desesperanzado final de la novela), protagonizada por Ray Milland,  fue merecedora de 4 Oscar. Película agregada al National Film Registry de la Biblioteca del Congreso por ser “una mirada intransigente a los efectos devastadores del alcohol”. C. Jackson tras pelear toda su vida con el alcohol, se suicidó en 1968 tras una dura recaída.

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