EL TELAR MÁGICO DE LA MENTE. MI VIDA EN LA NEUROCIENCIA.
JOAQUÍN M. FUSTER
Prólogo de JOSÉ ANTONIO MARINA
ARIEL. Barcelona Octubre 2020
Ejemplar disponible en la Biblioteca Pública de Huesca
Publicado en la Revista "Encuentros" Diciembre 2021 por MIGUEL ÁNGEL DE UÑA ,MATEOS
Llego tarde este libro, pero creo que precisa una encendida recomendación. Es difícil aunar los calificativos riguroso y delicioso criticando un libro. Éste, los merece, desde el imprescindible prólogo de Marina, hasta su punto final, logrando que la dificultad del recorrido que se oferta desde la más puntera investigación cerebral, se vea aliviada por la narración de una vida nada excepcional, pero capaz de transmitir entusiasmo por la obra bien hecha, por los muchos que participan en su construcción, demostrando una naturaleza personal sensible, educada (en el sentido “antiguo” del término) y generosa. El autor, hermano del cardiólogo Valentín Fuster, tan importante como él, pero mucho menos conocido (¡ay, el atavismo que rodea al corazón!), ha desarrollado su labor como neurocientífico en instituciones universitarias norteamericanas. A sus 90 años cree llegado el momento de la recapitulación biográfica, dando una lección de cómo se puede hablar de su papel en los descubrimientos neurológicos del último siglo, sin darse la desmedida importancia habitual en estos narcisistas tiempos, aún mostrando su orgullo por el reconocimiento que ha tenido su obra, la falsa modestia no es uno de sus vicios.
Un recorrido desde la temprana curiosidad por la conducta humana que provocaban los pacientes de su padre, psiquiatra barcelonés con un pequeño hospital privado, donde vivía con la familia, a la atención suscitada por los dibujos de Cajal que veía en la biblioteca paterna y a la inteligente asociación que hace de esas precoces curiosidades, con las ideas de Luis Vives, aprendidas con el rigor de un colegio de jesuitas en la posguerra. La “asociación” de distintas funciones de la mente, presente en el humanista valenciano, será el hilo conductor para Joaquín Fuster en su búsqueda científica de instrumentos que permitan explicar la complejidad de los procesos mentales. Y como Vives, dará a la atención y a la memoria, tan denostadas hoy, “un papel central para la funcionalidad mental: aprendizaje, retención de experiencias, imaginación, recuerdo, razonamiento, emoción, educación, arte y vida social”. Todo su trabajo científico, sus descubrimientos instrumentales para facilitar la investigación, le ha llevado a ser uno de los principales investigadores del papel integrador de la corteza prefrontal, con su sutil aparato activador-inhibidor, de los mecanismos íntimos de la memoria de trabajo, que él prefiere llamar “operante” con buen criterio, de los componentes de hacen de la atención el elemento, con la memoria, que permite una interacción con el medio ambiente, logrando el desarrollo del mecanismo de percepción-acción, que es la plasmación teórica de sus investigaciones sobre el funcionamiento de la conducta.
Tuvo descaro para escribir a Horace Magoun (descubridor con Moruzzi de la función activadora de la Formación Reticular), consiguiendo una invitación para emprender carrera investigadora en California, codeándose con la pléyade de investigadores de todos los campos que han aportado conocimiento a la neurología, a la genética, a la inteligencia artificial en los últimos sesenta años: Magoun, James Olds, Arnold Scheibel, Otto Creutzfeldt, Sam Weimberg, Louis West, Walter Freemann, Francis Crick y los miembros del exclusivo y prestigioso Club Helmholtz….Su interés ha sido la neurociencia, pero en su camino ha sentido atracción por el psicoanálisis, dado que el inconsciente es una de las memorias, las alteraciones conductuales relacionadas con la psicodelia (Aldous Huxley se interesó por sus investigaciones), por la medicina psicosomática, reconociendo su deuda con Rof Carballo, nunca ha dejado de ejercer la clínica psiquiátrica ni ha dejado de mostrar interés por la pedadogía….Una de sus páginas más amenas habla de cómo investiga la ausencia de cefaleas en el pájaro carpintero o del conocimiento de la faceta “psicológica” del nobel economista Frederich Hayek, con quien mantiene relación y cuyo “El orden sensorial” ha traducido al español. La posibilidad brindada por Horace Magoun para trabajar en la dinámica California, le libró de la fosilizada universidad española (no ha mejorado demasiado), proporcionándole una experiencia de asociación –su palabra favorita- con mentes abiertas a la integración de conocimientos y de recursos en la consecución de objetivos, algo que solo las sociedades abiertas son capaces de facilitar. El crecimiento de Fuster como neurocientífico es paralelo al de los centros de actividad teóricos e instrumentales que han hecho de la costa oeste norteamericana el polo tecnológico más importante de nuestro tiempo. Y eso también lo sabe reflejar la cordial narración de Joaquín Fuster, sirviendo de enseñanza para quien quiera abandonar la estrechez endogámica que empobrece la investigación en nuestros lares. Un libro, lección de la última investigación neurológica, de la historia de la neurología en su conjunto y sobre todo, una lección de vida.
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