jueves, 28 de enero de 2021

 

"EL MAL o el drama de la libertad"

Rüdiger Safranski. Traducción de Raúl Gabás

Tusquets Editores. Barcelona 2020


MIGUEL ÁNGEL DE UÑA MATEOS

Publicado en la Revista "Encuentros"

 

R. Safranski es un filósofo alemán. El recorrido que hace sobre la comprensión del mal en la filosofía occidental, no puede terminar sin dedicar un par de capítulos a Hitler, culminación del mal con su proceso de industrialización y burocratización de la destrucción del otro, gracias a la capacidad que tiene el mal para cosificar al ser humano que no es como nosotros. Los totalitarismos logran “exonerar al individuo de reflexiones morales  y transformar el delito en un proceso de trabajo que, en definitiva, puede realizarse como una costumbre”. Safranski, nacido en 1945, en su docto viaje  deja un poso de culpa que es general encontrar en la intelectualidad alemana, consciente de la importancia que tuvo el sueño desviado de la Ilustración alemana, el idealismo que caracteriza el potente pensamiento alemán del siglo XIX donde germinó  el  nihilismo que alimentó el huevo de la serpiente.   Construye un libro a base de frases que pueden entenderse con la potencia de aforismos, prueba de una erudición trabajada en la búsqueda de la verdad en la variedad de disciplinas que determinan hoy la palabra filosofía.  Mantiene la exigencia de analizar un tema como es el mal y su papel en la conformación social a través de los tiempos, hasta llegar a estos tiempos de globalización donde el mal sigue presente y solo queda tener la esperanza de erradicarlo en un trabajo que  semeja el telar de Penélope. Su última frase es paradigmática de esa confianza: “Sin borrar de nuestra memoria las huellas del mal – está en nuestras manos actuar como si un Dios o nuestra propia naturaleza tuviera buenas intenciones para con nosotros”

Ya en el primer párrafo del Prólogo se determina el hilo conductor de la idea de Safranski sobre el mal: “No hace falta recurrir al diablo para entender el mal. El mal pertenece al drama de la libertad humana. Es el precio de la libertad”. La libertad – nacida gracias a la expulsión del Paraíso- es el motor de la conciencia psíquica que hace que el deseo, el anhelo, la posibilidad de cambio condicionen nuestra conducta, en una tarea decididamente narcisista. Pero la conciencia, el conocimiento, ya decía Salomón que “quien aumenta el conocimiento, aumenta el dolor”. Otro incitador del mal es la competencia entre los hombres, la concreción (tal vez determinada en parte por la biología) de la diferenciación cuyo mito originario es el drama de Caín y Abel. Hobbes, rememorando el thymos platónico,  dice que el hombre “solo disfruta a fondo lo que le hace resaltar frente a los demás”.  El proceso de  socialización ha logrado que la ley haga que la competencia  no necesite del asesinato para garantizar la desigualdad. La temporalidad que nos da la conciencia, la posibilidad de prever – y temer- el futuro, conlleva la necesidad de la acumulación, reforzando los mecanismos de competencia entre sujetos y sociedades, haciendo del poder una necesidad. Pero la ley no es suficiente para garantizar la paz, porque la libertad, el narcisismo, la competencia, nos da la posibilidad de transgredirla, en una satisfacción que es una constante reflejada en Las Confesiones  de Agustín de Hipona: “quería el mal, porque era el mal”. El hombre no es malo por naturaleza, es libre y en base a esa autonomía, decide su conducta, su capacidad de transgresión en función del gozo que le produce la cosificación del otro que supone la base del mal. Sade fue uno de los apóstoles de ese gozo (“atenerse solo a la naturaleza”) y los románticos hicieron del mal una tentación estética que “despojará lo cotidiano del gozo de lo usual”, capítulos que nos llevarán hasta la experiencia del vacío, del absurdo que tan cara han sido al pensamiento existencialista en el siglo XX, que arranca con el pesimismo abismal que se estructura en El final de una ilusión, el canto de cisne de un Freud crepuscular, donde el instinto de muerte le lleva considerar que el hombre es una especie de curso erróneo en la evolución. El cientifismo, el biologismo y el evolucionismo mal entendido, el fin de la secralización, dieron lugar a las  ideologías totalitarias vinieron a reforzar el thymos platónico y hacer que al final solo quedara la reflexión del Kurtz de El corazón de las tinieblas: “el horror, el horror”.

Es una obra difícil, de lenta degustación, de búsqueda intensa de referencias a la vez que se subraya con fruición. Pero la erudición cuando es consistente es un placer inigualable.

 

lunes, 25 de enero de 2021

 SIN MIEDO 


La cartelera de cine en Huesca es como la meteorología patria: sin transición de la pertinaz sequía a la pedregada. Esta semana dos pequeñas (en presupuesto), pero grandes películas: "HOPE" y "23 PASEOS". Y dos buenas películas: "HASTA EL CIELO" y "EL PROFESOR PERSA". La cobardía filistea de las mayors ante las ridículas taquillas que le dejaría el-la COVID  a sus grandes inversiones, da protagonismo a pequeñas (en presupuesto) películas que no tendrían ningún papel en tiempos normales de aborregamiento cinematográfico. En horarios complicados, propios de funcionarios y pensionistas, hay que recordar que los cines son lugares no beneficiosos para el desarrollo del-a COVID. Ánimo, sin miedo y a relamerse con esta pedregada de buenas películas. En esta ocasión, sin que sirva de precedente, y siguiendo a la Escuela de Salamanca, la buena moneda expulsa a la mala (por incomparecencia). 

domingo, 24 de enero de 2021

MUERTE EN ESTAMBUL. PETROS MARKARIS

TUSQUETS EDITORES. COLECCIÓN ANDANZAS 2020

                                   

Pietros Markaris lleva al inspector Kostas Jaritos a Estambul, que es el lugar de nacimiento del propio Markaris. En la que tal vez sea la ciudad más bella del mundo, se articula una pequeña obra maestra solapando géneros:  novela policíaca, historia centenaria que se hace presente en cada párrafo, sociología de la clase media griega, visión antropológica de dos culturas tan cercanas y tan ajenas. Y subyaciendo, el drama clásico griego que transforma las Erinias en una humilde campesina con buena mano para la cocina. Desconocía que Markaris era hijo de armenio y de griega, las dos minorías despezadas en los primigenios genocidios que han hecho del siglo XX un período especialmente desdichado. "Muerte en Estambul" destila una nostalgia que solo cobra sentido en ese dolor propio de lo perdido injustamente, de un equilibrio que nunca se recobrará porque la cicatriz nunca es limpia, siempre será un queloide, un tejido hipersensible y vivido como ajeno. Los sueños colectivos pueden ser la peor pesadilla, porque las consecuencias las pagan sujetos concretos. 

La novela, en su envoltura policíaca, transmite esa necesidad de hablar, cien años después, de lo que el mundo ha olvidado y de los habitantes de sus ruinas, la vindicación de las minorías que malviven al lado de nuestra puerta. La maestría de Markaris es que lo hace sin culpabilización aparente, sin rastro de malditización para niinguna de las culturas en conflicto. El propio escepticismo del inspector Kostas Jaritos, su negativa  a juzgar, se traslada al friso de un enfrentamiento cultural en el que todos son víctimas de sus prejuicios. Su reverso turco, el inspector Murat, es la muestra de que todos podemos ser más cercanos de lo que creemos. Una obra moral, en el pleno sentido de la palabra, donde lo policíaco, como en el caso de Hammett o de Chandler no es suficiente para taparnos el bosque de la vida. Y Estambul al fondo, tal vez la ciudad más bella del mundo. 

EL HOMBRE DE LA BATA ROJA JULIAN BARNES  ANAGRAMA 2021  Ejemplar en la Biblioteca Pública de Huesca  A través de la vida de Samuel Pozzi, el...