miércoles, 26 de mayo de 2021

 

2. ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE MARÍA LAFORET DÍAZ (1921-2004)

 

MIGUEL ÁNGEL DE UÑA MATEOS

 

II  CONTEXTO CULTURAL

                Tras el final de la Guerra Civil, la cultura en España, sigue los moldes ya establecidos en la zona “nacional” desde su consolidación en las primeras semanas que siguieron al 18 de Julio de 1936. La cultura española, tendrá otro perfil entre los creadores de la llamada España peregrina, la del exilio, que siguió ajustándose a dinámica  propia de la Edad de Plata de la cultura española, que inicia su andadura en la generación del 98 y su acmé en la del 27, por controvertidos que sean los conceptos de “generación”.

                Desterrar el laicismo, reafirmar el catolicismo, el medievalismo idealizado en la suma de la cruz y la espada, vindicar como actuales las glorias del imperio –sobre todo filipino- sin ninguna crítica a sus excesos y carencias….fueron los ejes que determinaron la cultura de posguerra, de una larga, larguísima posguerra, la “larga noche de piedra” que tan bien calificó Celso Emilio Ferreiro. Toda la fraseología del régimen y toda su capacidad legislativa, se pusieron en marcha para conseguir el objetivo de una uniformidad de temas y de tonos en la glorificación de la victoria y el descrédito de las ideas de los vencidos. La verdadera literatura franquista, la literatura que importa socialmente se destila en el B.O.E,  con el nuevo Código Penal alumbrado en ese Enero de 1945, refundición del anterior de 1932 con leyes como la Ley de Responsabilidades Políticas de 1939, la Ley Especial contra la francmasonería y el comunismo de 1940 y la Ley de Seguridad del Estado de 1941. O la Ley de Ordenación Universitaria de 1943 que se proponía “arrancar de la docencia  y la creación científica la neutralidad ideológica y desterrar el laicismo, para formar una nueva juventud  poseída de aquel principio agustiniano de que mucha ciencia nos acerca al Ser Supremo” en las palabras de José Ibáñez Martín, Ministro de Educación. El fascismo rampante nunca fue un verdadero eje ideológico (faltaba épica wagneriana para eso y sobraba espíritu zarzuelero), pero sí lo fue el catolicismo más rancio y el aherrojamiento de lo femenino como ente autónomo, con la Sección Femenina organizando la vida de la mujer en connivencia con la iglesia católica. En 1944 la literatura de Luisa Mª de Aramburu o de Isabel García Suárez, dirigida a la mujer, no hace sino apuntalar el destino manifiesto que el régimen quiere para la mujer.

                De los restos de la generación del 98, Azorín se hace perdonar sus ya muy antiguas veleidades anarcoides con una producción totalmente neutra, y Pío Baroja tras el susto de los primeros días de la guerra a cuenta de los requetés y exiliarse a Francia por ello, volvió a la España “nacional” en 1937 y de forma definitiva en 1940, cuando la sombra de la invasión alemana cubría París. Don Pío había perdido su capacidad narrativa, y su libertad, cuando “se” deja publicar su Comunistas, judíos y demás ralea, prologado por el logorreico fascistoide Ernesto Giménez Caballero. Tras su vuelta a España, apenas hará algo de valor literario más allá de sus memorias. Manuel Machado también tuvo su susto en el Burgos “nacional” y desde ese momento se alinea sin recovecos a la glorificación de los vencedores, obra culminada con “Al sable del Caudillo” cuando cayó Madrid, pocas semanas después de haber llegado a velar los restos de su hermano Antonio y de su madre en Collioure.

                De la generación del 27, permanecen en España Vicente Aleixandre, Gerardo Diego y Dámaso Alonso, que romperá la incensaria azulañil cultura franquista con sus Hijos de la Ira, ya en 1944 cuando las veleidades fascistoides del régimen quedan relegadas a los cuartos de banderas y a las mesas de redacción de la mayor parte de los  periódicos.

                La “gran cultura” se organiza a través del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que nace en 1939 con el afán “de conjugar las lecciones más puras de la Tradición universal y católica con las exigencias de la modernidad”. Infiltrado desde el primer momento por el naciente Opus Dei, será el faro de la cultura (sic) nacional-católica a través de figuras cono Pérez Embid, Raimundo Pankiker o Rafael Calvo Serer. Camino, la obra seminal de José María Escrivá de Balaguer (sic), apenas vendería 2000 ejemplares tras su edición en 1939, pero su cosecha sería tan abundante, que ya en 1944, la revista del Opus, Arbor, pasaría a ser la oficial del CSIC que multiplica su interés por las ciencias “sociales”, sobre las materias científicas. 

                Los tiempos de posguerra son momentos de nacimiento de revistas falangistas, la más importante y cuidada de ellas  Escorial (1940-1950) editada por la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda de Falange Española Tradicionalista y de las JONS. Nació por iniciativa del grupo falangista Musa Musae: Dionisio Ridruejo, Rafael Sánchez Mazas, José María Alfaro, Adriano del Valle, José María de Cossío, Manuel Machado.. Sus fundadores Dionisio Ridruejo (director hasta que se marchó con la División Azul en 1942), Laín Entralgo, Antonio Tovar, Luis Rosales, Luis Felipe Vivanco, Torrente Ballester, José L.  López Aranguren (luego se borró el López[1])…. Una revista que nace con ánimo de consolidar la matriz fascista del régimen, y que irá derivando a políticas “liberales”, de integración de los “no adictos” hasta donde era posible en aquellos duros años. No entraba en sus cuidadas páginas Miguel Hernández, muerto en la prisión de Alicante en 1942. Escorial recuperaba al “buen” Antonio Machado de Campos de Castilla, pero ni un paso más.  

Otra revista falangista fue Garcilaso. Juventud creadora (1943-1946), que nace en la tertulia del Café Gijón, con Germán Bleiberg, José García Nieto, Vicente Gaos, Rafael Montesinos, Luis Felipe Vivanco, Leopoldo Panero, Luis Rosales, con colaboración de Gerardo Diego y José María Valverde, haciendo del “garcilasismo” una vuelta al clasicismo, a la métrica estricta, a la absoluta claridad,  como oposición a las vanguardias. En realidad, construir un escudo contra la triste realidad de una sociedad miserable en lo económico y sobre todo en lo moral. También desde el falangismo, pero muy distante del garcilasismo, nació  desde la tertulia de la librería Azcárate de León, Espadaña (1944-1951), con Antonio González de Lama, Eugenio García de Nora y Victoriano Crémer, con ánimo de vanguardia (hasta el punto de ser tildada de tremendista) y de verdadera integración de voces ajenas al régimen, lo que fue posible tras el final de la II Guerra Mundial. Ya hemos hablado de la barcelonesa (primero burgalesa), Destino (“España, unidad de destino en lo universal” José Antonio dixit) nacida en 1937 y fundada por los falangistas (los catalanes de Burgos) Xavier de Salas, José María Fontana, José Vergés, Ignacio Agustí. La participación de Josep Pla a partir de 1940 fue fundamental para su consolidación y para una progresiva apertura que en 1945 era ya notoria en el árido escenario de la cultura española de esa época.

No muy lejos del falangismo, nace en 1944 (y solo dura hasta 1946, aunque luego renace) La Estafeta Literaria fundada por Juan Aparicio (director de la Delegación Nacional de Prensa), intentando recuperar la revista que Giménez Caballero fundó en la República antes de ser un corifeo fascista.  Intenta conciliar a las distintas corrientes literarias contando con firmas como Víctor Ruiz Iriarte, José García Nieto y Camilo José Cela entre otros.  

En 1944, Hijos de la Ira (rehumanización de la poesía dice Alarcos) de Dámaso Alonso rompe el lago prístino en que quiere reflejarse la poesía de la España franquista a base de negar la realidad,  un exabrupto existencialista que tiene una difícil explicación dentro del rígido control de la censura franquista

Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas)

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Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma

Por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid

Por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo…

                La publicación ese mismo año de Sombra del Paraíso (con versos a su complicada amante María Valls y crípticos sobre sus relaciones homosexuales) de Vicente Aleixandre[2], establecido en su doble exilio interior, político y sexual, de la calle Wellingtonia 3, significa el renacimiento de la generación del 27 en la España franquista, claramente alineados con la poesía desarraigada, tan cercana al tremendismo de Espadaña. Gerardo Diego, sin embargo, había optado por la línea garcilasista o tradicional, con Ángeles de Compostela de 1940, con Alondra de verdad de 1941, con su Romancero de la novia de 1944, plenamente integrados en la poesía arraigada, sonetos impecables llenos de una pureza ajena a los tiempos. Como una extravagancia, Pío Baroja publica en 1944, Canciones de suburbio, prologado por Azorín que es recibido duramente por la crítica literaria.

                La narrativa de aquellos años es la propia de los “heroicos” tiempos que se viven, con la recapitulación de la Guerra Civil desde la perspectiva de los vencedores, la única posible. El puente de Giménez Arnau; La fiel infantería de Rafael García Serano; las obras de Cecilio Benítez Blanco o de Pedro de Lorenzo, hoy totalmente olvidados. La obra anecdótica de un tal Jaime de Andrade, seudónimo de F. Franco, con Raza, éxito cinematográfico con su no-sosias Alfredo Mayo. Torrente Ballester destila una pretenciosa Javier Mariño. Historia de una conversión en 1943, viéndose obligado a modificar el final tras la retirada de la novela por la censura cuando ya se había comercializado. Ignacio Agustí, retoma la tradición de la novela burguesa decimonónica  con Los surcos (1942) y sobre todo con su ciclo La ceniza fue árbol, destacando Mariona Rebull y El viudo Rius, publicados en 1943 y 1944. Más interesante El bosque inanimado de Wenceslao Fernández Flórez (1943), que publica también Zarabanda en 1944. Azorín es premiado en su fidelidad publicando en 1944 Obras Selectas¸ con el parabién de la crítica bienpensante, la única posible.

En el criterio de Carlos Blanco el als[3], tal vez el más dotado de los escritores “burgueses” fue JUAN ANTONIO ZUNZUNEGUI (tras la muerte de Baroja, ocupó su sillón en la Academia), cercano al naturalismo, con gran manejo de la ironía y el sarcasmo, un observador objetivo de un mundo que disecciona con viveza, “testigo de cargo de la sociedad actual”, pero sin abandonar un carácter aristocratizante en su crítica. El chipindale  1939, ¡Ay…estos hijos! 1943, recreaciones de la burguesía bilbaína de preguerra, El barco de la muerte 1945 con un pesimismo y una ironía abrumadora

Pero al igual que sucedió con Hijos de la Ira, la figura de la novelística surgida en la inmediata posguerra es la Camilo José  Cela qué, independiente de su miserable trayectoria personal y política, publica en 1942 La familia de Pascual Duarte una obra personal con ecos galdosianos, valleinclanescos, barojianos y solanescos  de patetismo estremecedor y oscuro, de expresividad bronca y agresiva …Existencialismo (no han faltado imposibles comparaciones entre la familia de Pascual Duarte y L’Étranger, de Camus) …determinismo  naturalista y tremendismo integran la poderosa narración de Cela…[4] Tras el éxito de La familia de Pascual Duarte publica Pabellón de reposo 1943 y Nuevas andanzas y desventuras de Lazarillo de Tormes que nada tienen que ver con la genialidad rupturista que supuso La familia de Pascual Duarte en el tosco panorama de la narrativa de la época.

El teatro  es con el cine,  la rama de la cultura más condicionada por la ideología de los vencedores. A Benavente, que pide perdón desde el primer momento del final de la guerra, se le prohíbe estrenar hasta 1944 (lo hace con gran éxito con Los niños perdidos en la selva, su 141 título teatral). El Teatro Español de Madrid será dirigido por Luis Escobar Kirkpatrick, marqués de Las Marismillas, notorio falangista en aquella hora y escritor de comedias ligeras para olvidar el hambre y las docenas de fusilados diarios. Se acumulan títulos patrióticos basados en una historia pretérita e idealizada, o comedias irremediablemente cursis: José María Pemán Por la Virgen Capitana 1940; Eduardo Marquina La viuda 1943; Miguel Mihura Ni pobre ni rico sino todo lo contrario; Torrente Ballester Lope de Aguirre 1941;Luis Rosales y Luis Felipe de Vivanco La mejor reina de España 1939…. Se acaba imponiendo la comedia de aires pequeño burgueses, benaventiana, amable, separada radicalmente de los problemas que afectan a la sociedad, una escena teatral sobrealimentada para la nueva clase dirigente, estraperlistas y burguesía todavía espantanda,  por los Pemán, José Calvo Sotelo, Víctor Ruiz Iriarte, Agustín de Foxá, Torcuato Luca de Tena , Edgar Neville…. Solo Jardiel Poncela se sale de lo establecido con su desopilante Eloísa está debajo del almendro.

                El pueblo, el más triste pueblo desde el final de la Guerra de la Independencia, solo tenía la radio (no estaba generalizada), las coplas que corrían en papelinas cantadas en las plazuelas, zarzuelas de medio pelo, verbenas populares mal iluminadas y sesiones dobles en cines de mala muerte, con olores impensables y pipas a los pies (una costumbre traída por los rusos durante la Guerra Civil y extrañamente no prohibida). Pantallas cuajadas de películas americanas (Luz de gas, Me casé con una bruja, Qué verde era mi valle, La loba…) de éxitos nacionales como El clavo, Empezó la boda con una adolescente debutante, Sara Montiel, la extravagante La torre de los jorobados de Edgar Neville (entre el sainete y Nosferatu en una cueva de Madrid), Orosia de Florián Rey, folklore dramatizado del Alto Aragón, comedias banales de Iquino como Fin de Curso, Viviendo al revés y Turbante blanco, todas ellas de 1944 que así era de prolífico. Las películas históricas tuvieron su cuota con Eugenia de Montijo, Lola Montes e Inés de Castro. Y los toros, con Manolete y Domingo Ortega, con los nuevos que empujan Luis Miguel Dominguín, Arruza, Ángel Luis Bienvenida. En ese año de 1944 se logra algo más importante que el reconocimiento diplomático de Méjico (que no llegará hasta 1977), el intercambio de ganaderías y toreros entre ambos mundos taurinos. Ah!!! Y el fútbol, con el Valencia ganando la Liga y el Atleti de Bilbao ganando la Copa del Generalísimo. Los héroes populares han dejado de ser soldados y uniformados, reinas recatadas y heroicas, ahora son toreros y futbolistas, cantantes y cupletistas para ellas (ay! Celia Gámez casándose en Los Jerónimos).  Mientras los niños comenzaron a leer El Guerrero del Antifaz qué, por 1 peseta,  era capaz de alimentar sueños de aventura  durante toda una semana con un Santiago matamoros enamorado de una mora.

                El 28 de Mayo de 1944, Francisco Franco recorre la V Edición de la Feria del Libro, restablecida tras la  Guerra Civil. Calzado y vestido de un blanco que resulta cómico, camisa azul y boina roja, los 78 libreros que se encuentran en la feria, saludan brazo en alto a su paso. Le acompañan unos cuantos falangistas, con el mismo ridículo aparejo, salvo la boina roja y algún militar con cara de perplejidad. Es la imagen cabal que refleja la cultura en el interior de España en aquellos meses que preceden a Nada de Carmen Laforet, y que explican la extrañeza con la que se recibió tal novela.

                En aquel 6 de Enero de 1945, cuando le conceden el primer Premio Nadal a una jovencísima Carmen Laforet, no había vasos comunicantes con la cultura emigrada, con la España peregrina. Un telón de acero, lo impedía. Silencio, salvo para el insulto, sobre Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Rafael Alberti, Luis Cernuda , León Felipe, Juan Rejano, Manuel Altolaguirre, Carles Riba, Max Aub, Arturo Barea, Ramón J. Sender, Francisco Ayala, Benjamín Jarnés, Rosa Chacel,Alejandro Casona, Jacinto Grau, Margarita Xirgu, José Gaos, J.D. García Bacca, José Ferrater Mora, Roces, José Bergamín, María Zambrano, Américo Castro, Claudio Sánchez Albornoz, Salvador de Madariaga , Pedro Bosch Gimpera, Manuel de Falla, Pau Casals, Rodolfo Halfter…entre tantos y tantos.

La Unión de Intelectuales Españoles fundada en París en Octubre de 1944 por Quiroga Pla, Picasso, Corpus Barga, Salvador Bacarisse, Victoria Kent, como sus figuras más representativas, lograron lo mismo que las autoridades republicanas en el exilio, ni un simple arañazo en la solidez pétrea del régimen franquista hasta que se disuelve por consución en 1948. León Felipe la mantuvo como un potente eco de nostalgia en Méjico, sin efectividad, inane, pero con la dignidad debida a tantas voces silenciadas.

 



[1] Gregorio Morán en su “El cura y los mandarines. Historia no oficial del Bosque de los Letrados. Cultura y Política en España, 1962-1996” hace múltiples referencias a todos ellos, y con trata con especial dureza a (López ) Aranguren. 

[2] Vicente Aleixandre también sufrió un “susto” en la Madrid “roja” con una detención en una cheka, de la que le salvó la intercesión de Pablo Neruda.

[3] Historia social de la literatura española (en lengua castellana)  III  Carlos Blanco/Julio Rodríguez/Iris M. Zavala. Edit Castalia

[4] Historia social de la literatura española (en lengua castellana)  III  Carlos Blanco/Julio Rodríguez/Iris M. Zavala. Edit Castalia

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