miércoles, 24 de marzo de 2021

 

LECTOR VUELVE A CASA. Cómo afecta nuestro cerebro la lectura en pantallas

MARYANNE WOLF

Traducción de MARÍA MAESTRO

DEUSTO  Barcelona 2020

Se encuentra disponible en la Biblioteca Pública de Huesca 

 

 

Maryannne Wolf  es especialista en neurociencia cognitiva, experta en Dislexia, ávida lectora de literatura (desgraciadamente solo anglosajona con algunas gotas de francesa)[1], con doble militancia universitaria en territorios del lenguaje  y de la literatura. Persona ideal para hablar del tema que nos ocupa, el impacto de lo digital sobre la lectura y sus consecuencias. Elije un formato en peligro de extinción, el epistolar (¿dónde hoy, aquellas 18.000 cartas que se conservan de R.M. Rilke?), para llevarnos desde lo neurológico, a lo “confesional”, pedagógico, incluso a lo filosófico y lo político, en una transición fácil, haciéndola eficaz divulgadora de sus tesis. Apoyada en un aparato investigador y bibliográfico apabullante, facilitado por la accesibilidad de notas a pié de página (encomiable trabajo de la traductora). En estos tiempos, la pandemia como acelerador del proceso digitalizador, esperar que no sea la Casandra de un negro futuro, definiéndose “realista y optimista” ante la conciencia que comunicadores, pedagogos, psicólogos y políticos, están adquiriendo sobre la relevancia del problema.

WOLF parte del un principio; “el ser humano no nació para leer. La (…) alfabetización es uno de los logros epigenéticos más importantes del homo sapiens” (junto con la capacidad matemática), que exige una reconfiguración cerebral que fluctúa en función de nuestra capacidad lectora. Diferentes del lenguaje oral, determinado genéticamente, la lectura y la escritura, tienen que aprenderse y sin un plan para la lectura no hay circuito de lectura ideal. Circuito maleable que depende de que se lee (contenido y particular sistema de lectura), como se lee (el soporte) y como se conforma (métodos de instrucción). Gracias a un proceso de seis mil años, dominamos lo que SVEN BICKERT define como lectura profunda, función que propicia la conformación de procesos cognitivos facilitadores del pensamiento crítico, la reflexión personal, la imaginación, la creatividad y la empatía. Una función qué, además de más sabios, nos hace más compasivos y más libres, manteniendo abierto el crecimiento evolutivo de nuestro plástico cerebro. Y que exige  factores para su conformación y consolidación: atención,  memoria  y determinación.

         Y esos tres factores (añadir, el silencio, tan caro en estos tiempos) son los que están en riesgo en el creciente proceso de digitalización. Primera víctima de las pantallas es la atención y la continuidad: tl, dr (too long, didn’t read –demasiado largo, no lo leí-), es la consecuencia de esa fractura. La mente saltamontes (PIPERS) en oposición al ojo tranquilo de WORDSWORTH. Atención insuficiente provoca una incapacidad intrínseca para la comprensión de un texto, dificultando la participación de la memoria funcional como elemento de sedimentación mnéstica[2] (con todos los correlatos afectivos que conlleva). La concreción de un circuito cerebral propio, sustenta la lectura profunda y es lo que hace que el lector sea reflexivo, crítico, capaz para la recreación emocional y sensorial  que provoca el relato, favorecedor de la empatía gracias a  la identificación con los personajes...en suma, lo que conforma a un lector adulto. La memoria es la segunda víctima, por el desprecio que supone tener en un clic un depósito de conocimientos casi infinitos (pero acríticos). Si ya SÓCRATES se quejó de que la escritura era enemiga de la memoria, qué diríamos hoy de una función que se asimila con una función inútil. La determinación,  necesaria porque la digitalización favorece la superficialidad  y la recompensa inmediata. Releer, volver atrás en lo leído, es más fácil en el libro tradicional, incluso para lectores avezados como muestra la propia experiencia de la autora.

Los datos de los informes PISA sobre la pérdida de la capacidad de comprensión lectora y la erosión de la empatía en nuestros jóvenes, se correlacionan con una pérdida sustancial de la lectura en soporte libro y del imparable avance de los medios digitales, con la pérdida de la lectura profunda como consecuencia. La necesidad de articular un bilingüismo analógico-digital, con preponderancia del primero en los años precoces de la vida, es la lección que hay que extraer de esta admirable lección que nos da M. WOLF. A partir de su séptima carta, el input pedagógico adquiere preponderancia y creo que es una guía sugestiva para padres, docentes y psicólogos, ofertando datos de cómo construir ese cerebro bilingüe, primero con la base de lo analógico, después con la consolidación paralela y simbiótica con lo digital. Un libro extraordinario.


MIGUEL ÁNGEL DE UÑA MATEOS

Publicado en la revista "Encuentros" nº 66 de Abril de 2021

 

 



[1] Parte de su formación la hizo en la prestigiosa y estimulante Universidad de Notre Dame. Los cerebros de muchas de sus hermanas han tenido un relevante papel en la investigación de la E. de Alzheimer

[2] Sobre mi mesa un libro no menos interesante: “La civilización de la memoria de pez. Pequeño tratado sobre el mercado de la atención” BRUNO PATINO Alianza Edit. 2020

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