LECTOR VUELVE A CASA. Cómo afecta
nuestro cerebro la lectura en pantallas
MARYANNE WOLF
Traducción de MARÍA MAESTRO
DEUSTO
Barcelona 2020
Se encuentra disponible en la Biblioteca Pública de Huesca
Maryannne Wolf es especialista en neurociencia cognitiva,
experta en Dislexia, ávida lectora de literatura (desgraciadamente solo
anglosajona con algunas gotas de francesa)[1], con doble
militancia universitaria en territorios del lenguaje y de la literatura. Persona ideal para hablar
del tema que nos ocupa, el impacto de lo digital sobre la lectura y sus
consecuencias. Elije un formato en peligro de extinción, el epistolar (¿dónde
hoy, aquellas 18.000 cartas que se conservan de R.M. Rilke?), para llevarnos
desde lo neurológico, a lo “confesional”,
pedagógico, incluso a lo filosófico y lo político, en una transición fácil,
haciéndola eficaz divulgadora de sus tesis. Apoyada en un aparato investigador
y bibliográfico apabullante, facilitado por la accesibilidad de notas a pié de
página (encomiable trabajo de la traductora). En estos tiempos, la pandemia
como acelerador del proceso digitalizador, esperar que no sea la Casandra de un
negro futuro, definiéndose “realista y
optimista” ante la conciencia que comunicadores, pedagogos, psicólogos y
políticos, están adquiriendo sobre la relevancia del problema.
WOLF
parte del un principio; “el ser humano no
nació para leer. La (…) alfabetización es uno de los logros epigenéticos más
importantes del homo sapiens” (junto con la capacidad matemática), que
exige una reconfiguración cerebral que fluctúa en función de nuestra capacidad
lectora. Diferentes del lenguaje oral, determinado genéticamente, la lectura y
la escritura, tienen que aprenderse y sin
un plan para la lectura no hay circuito de lectura ideal. Circuito maleable
que depende de que se lee (contenido y
particular sistema de lectura), como se lee (el soporte) y como se conforma
(métodos de instrucción). Gracias a un proceso de seis mil años, dominamos
lo que SVEN BICKERT define como lectura
profunda, función que propicia la conformación de procesos cognitivos
facilitadores del pensamiento crítico, la reflexión personal, la imaginación,
la creatividad y la empatía. Una función qué, además de más sabios, nos hace
más compasivos y más libres, manteniendo abierto el crecimiento evolutivo de
nuestro plástico cerebro. Y que exige factores para su conformación y consolidación: atención, memoria y
determinación.
Y esos tres factores (añadir, el silencio, tan caro en estos tiempos) son
los que están en riesgo en el creciente proceso de digitalización. Primera
víctima de las pantallas es la atención
y la continuidad: tl, dr (too long,
didn’t read –demasiado largo, no lo leí-), es la consecuencia de esa
fractura. La mente saltamontes (PIPERS)
en oposición al ojo tranquilo de
WORDSWORTH. Atención insuficiente provoca una incapacidad intrínseca para la
comprensión de un texto, dificultando la participación de la memoria funcional
como elemento de sedimentación mnéstica[2] (con todos
los correlatos afectivos que conlleva). La concreción de un circuito cerebral
propio, sustenta la lectura profunda y es lo que hace que el lector sea reflexivo,
crítico, capaz para la recreación emocional y sensorial que provoca el relato, favorecedor de la
empatía gracias a la identificación con
los personajes...en suma, lo que conforma a un lector adulto. La memoria es la segunda víctima, por el
desprecio que supone tener en un clic un depósito de conocimientos casi
infinitos (pero acríticos). Si ya SÓCRATES se quejó de que la escritura era
enemiga de la memoria, qué diríamos hoy de una función que se asimila con una
función inútil. La determinación, necesaria porque la digitalización favorece la
superficialidad y la recompensa
inmediata. Releer, volver atrás en lo leído, es más fácil en el libro
tradicional, incluso para lectores avezados como muestra la propia experiencia
de la autora.
Los datos de los informes PISA sobre la pérdida de la capacidad de comprensión lectora y la erosión de la empatía en nuestros jóvenes, se correlacionan con una pérdida sustancial de la lectura en soporte libro y del imparable avance de los medios digitales, con la pérdida de la lectura profunda como consecuencia. La necesidad de articular un bilingüismo analógico-digital, con preponderancia del primero en los años precoces de la vida, es la lección que hay que extraer de esta admirable lección que nos da M. WOLF. A partir de su séptima carta, el input pedagógico adquiere preponderancia y creo que es una guía sugestiva para padres, docentes y psicólogos, ofertando datos de cómo construir ese cerebro bilingüe, primero con la base de lo analógico, después con la consolidación paralela y simbiótica con lo digital. Un libro extraordinario.
MIGUEL ÁNGEL DE UÑA MATEOS
Publicado en la revista "Encuentros" nº 66 de Abril de 2021
[1] Parte de su formación la hizo en la prestigiosa y estimulante Universidad de Notre Dame. Los cerebros de muchas de sus hermanas han tenido un relevante papel en la investigación de la E. de Alzheimer
[2] Sobre mi mesa un libro no menos interesante: “La civilización de la memoria de pez. Pequeño tratado sobre el mercado de la atención” BRUNO PATINO Alianza Edit. 2020
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