miércoles, 24 de marzo de 2021

 

VIAJE AL MANICOMIO (The Loony-Bin Trip)

KATE MILLET. Prólogo de MAR GARCÍA PUIG

SEIX BARRAL. BARCELONA 2019

 

            Kate Millet (1934-2017), es una de las impulsoras del feminismo que se ha impuesto en occidente desde los convulsos años que siguieron al mitificado 1968. “Política Sexual” es el catecismo del movimiento feminista radical, y la revista “Times” la llamó “la Karl Marx del movimiento de las mujeres” dedicándole una de sus portadas. Además fue escultora, fotógrafa, conferenciante, activista del feminismo denunciador del heteropratiarcado, propagandista de todas las causas del progresismo norteamericano. Bisexual, lesbiana militante en sus escritos, relevante su libro “Sita”, intensa descarga emocional tras el suicidio de una de sus amantes. Como tantos ideólogos, creó una comuna campestre para mujeres, Women’s Art Colony Farm, para desarrollar sus ideales feministas y artísticos. A la hagiografía de sus seguidoras (incluída la prologante), hay que oponer el testimonio de su hermana Mallory Millet (Disidencias, Febrero 2018).

 Padeció un trastorno bipolar, experiencia vertida en “Viaje al manicomio”, publicado en 1990, escrito tras su última crisis depresiva a modo de catarsis, tras abandonar la medicación y no sufrir nuevos episodios. Ajuste de cuentas con la psiquiatría institucional, con los efectos secundarios de la medicación (“malditos” Litio y Tioridazina -MELERIL®-), con los procesos de internamiento, pero a la vez haciendo una descripción de sus crisis que supera literariamente de forma abrumadora los motivos de su denuncia. Curioso que también en 1990, William Styron (muy conocido por La decisión de Sophie), publicara un breve libro tras el sufrimiento de un grave trastorno depresivo, en una línea muy diferente a la de Millet. La introspección demostrada en Esa visible oscuridad es una obra maestra en la capacidad de mostrar “literariamente” qué es una depresión, y hacer una denuncia fundada sobre los límites de la fraseología freudiana, muy presente en la psiquiatría norteamericana de aquellos años, aunque también encontró en el Triazolam (Halción®) su demonio particular. Hitos en la envidiable capacidad de los autores anglosajones para hablar de sus miserias en impecables relatos autobiógraficos.

Viaje al manicomio se estructura como una odisea, viaje de una moderna Ulises que quiere imponer su rebelde cordura a un sistema que se empeña en llamarla locura (la locura no era un delito, sino un punto de vista). La antipsiquiatría es su osamenta –sin nombrarla, salvo en el epílogo- y la política, resistencia a un sistema vivido como arbitrario, su encarnadura. No hay conciencia de enfermedad, ni siquiera a posteriori, pero es indudable que tras dejar el Litio indicado en una crisis previa, sufre un episodio maníaco. Hay momentos admirables en el libro: la descripción de un prolongado episodio depresivo previo, con los fantasmas de Janis Joplin, Sylvia Plath y Anne Sexton como guías al Averno que abre su rumiación suicida; la curiosa confesión edípica  (capítulo 15 - I parte), cuyo eco recorre toda la obra; su vibrante descripción de cómo logra librarse de un ingreso en Nueva York…La parte II está ocupada por su ingreso en un manicomio irlandés tras un conflicto con las autoridades de ese país, manicomio que es reflejo añoso de Alguien voló sobre el nido del cuco (1975), una preciosista descripción cargada de realidades y de estereotipos, aún admitiendo una lectura alucinada de su conducta, que ella interpreta relacionada con sus odiados psicofármacos. Las mujeres, como no, se convierten en salvadoras del patriarcado psiquiátrico, logrando quebrar las cadenas manicomiales, permitiéndole reemprender camino a su Itaca soñada. Pero solo le espera el tránsito a un duro episodio depresivo, admirablemente  descrito en la parte III del libro, que la lleva de nuevo al Litio y a pedir ayuda de forma desesperada a la psiquiatría “oficial”, creándose un nuevo enemigo, la Imipramina (TOFRANIL®). Desgarradoras las páginas en las que narra la ruptura legal con su marido, el artista Fumio Yoshimura o la aniquilación de la libido en la relación formal que mantiene con su amante Sophie, cuando la depresión devora sus días y sus noches. Un proceso clásico de “laborterapia” rompe la perversa dinámica de inhibición en que se encuentra,  renaciendo progresivamente el deseo y el futuro.

 En el epílogo nos dice que de nuevo se impone la rebeldía  y con ayuda externa logra dejar los psicofármacos y que su vida vuelve a tener conciencia de plenitud, aunque por lo que dice su bibliografía, a partir de Viaje al manicomio nunca volvió a tener la capacidad creativa que tuvo antes de esa odisea con final feliz. Un libro apasionado y apasionante, que nos ayuda a comprender mejor la agitación emocional que subyace en el psiquismo de un paciente bipolar. Si le quitamos la hojarasca ideológica, se convierte en un buen ejemplo de autobiografía psiquiátrica, que permite entender a través de la (buena) literatura la emocionalidad que estremece a un paciente psiquiátrico.

 MIGUEL ÁNGEL DE UÑA MATEOS 

Publicado en la revista ENCUENTROS nº 63

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