VIAJE AL
MANICOMIO (The Loony-Bin Trip)
KATE MILLET.
Prólogo de MAR GARCÍA PUIG
SEIX BARRAL.
BARCELONA 2019
Kate
Millet (1934-2017), es una de las impulsoras del feminismo que se ha impuesto
en occidente desde los convulsos años que siguieron al mitificado 1968. “Política Sexual” es el catecismo del
movimiento feminista radical, y la revista “Times”
la llamó “la Karl Marx del movimiento de
las mujeres” dedicándole una de sus portadas. Además fue escultora,
fotógrafa, conferenciante, activista del feminismo denunciador del
heteropratiarcado, propagandista de todas las causas del progresismo
norteamericano. Bisexual, lesbiana militante en sus escritos, relevante su
libro “Sita”, intensa descarga
emocional tras el suicidio de una de sus amantes. Como tantos ideólogos, creó
una comuna campestre para mujeres, Women’s Art Colony Farm, para desarrollar sus
ideales feministas y artísticos. A la hagiografía de sus seguidoras (incluída
la prologante), hay que oponer el testimonio de su hermana Mallory Millet
(Disidencias, Febrero 2018).
Padeció un trastorno bipolar, experiencia vertida
en “Viaje al manicomio”, publicado en
1990, escrito tras su última crisis depresiva a modo de catarsis, tras
abandonar la medicación y no sufrir nuevos episodios. Ajuste de cuentas con la
psiquiatría institucional, con los efectos secundarios de la medicación (“malditos”
Litio y Tioridazina -MELERIL®-), con los procesos de internamiento, pero a la
vez haciendo una descripción de sus crisis que supera literariamente de forma
abrumadora los motivos de su denuncia. Curioso que también en 1990, William
Styron (muy conocido por La decisión de
Sophie), publicara un breve libro tras el sufrimiento de un grave trastorno
depresivo, en una línea muy diferente a la de Millet. La introspección
demostrada en Esa visible oscuridad es
una obra maestra en la capacidad de mostrar “literariamente” qué es una
depresión, y hacer una denuncia fundada sobre los límites de la fraseología
freudiana, muy presente en la psiquiatría norteamericana de aquellos años,
aunque también encontró en el Triazolam (Halción®) su demonio particular. Hitos
en la envidiable capacidad de los autores anglosajones para hablar de sus
miserias en impecables relatos autobiógraficos.
Viaje al manicomio se estructura como una odisea, viaje de una moderna
Ulises que quiere imponer su rebelde cordura a un sistema que se empeña en
llamarla locura (la locura no era un
delito, sino un punto de vista). La antipsiquiatría es su osamenta –sin
nombrarla, salvo en el epílogo- y la política, resistencia a un sistema vivido
como arbitrario, su encarnadura. No hay conciencia de enfermedad, ni siquiera a posteriori, pero es indudable que tras
dejar el Litio indicado en una crisis previa, sufre un episodio maníaco. Hay
momentos admirables en el libro: la descripción de un prolongado episodio
depresivo previo, con los fantasmas de Janis Joplin, Sylvia Plath y Anne Sexton
como guías al Averno que abre su rumiación suicida; la curiosa confesión edípica
(capítulo 15 - I parte), cuyo eco
recorre toda la obra; su vibrante descripción de cómo logra librarse de un
ingreso en Nueva York…La parte II está ocupada por su ingreso en un manicomio
irlandés tras un conflicto con las autoridades de ese país, manicomio que es
reflejo añoso de Alguien voló sobre el nido
del cuco (1975), una preciosista descripción cargada de realidades y de
estereotipos, aún admitiendo una lectura alucinada de su conducta, que ella
interpreta relacionada con sus odiados psicofármacos. Las mujeres, como no, se
convierten en salvadoras del patriarcado psiquiátrico, logrando quebrar las
cadenas manicomiales, permitiéndole reemprender camino a su Itaca soñada. Pero
solo le espera el tránsito a un duro episodio depresivo, admirablemente descrito en la parte III del libro, que la
lleva de nuevo al Litio y a pedir ayuda de forma desesperada a la psiquiatría
“oficial”, creándose un nuevo enemigo, la Imipramina (TOFRANIL®). Desgarradoras
las páginas en las que narra la ruptura legal con su marido, el artista Fumio
Yoshimura o la aniquilación de la libido en la relación formal que mantiene con
su amante Sophie, cuando la depresión devora sus días y sus noches. Un proceso
clásico de “laborterapia” rompe la perversa dinámica de inhibición en que se
encuentra, renaciendo progresivamente el
deseo y el futuro.
En el epílogo nos dice que de nuevo se impone
la rebeldía y con ayuda externa logra
dejar los psicofármacos y que su vida vuelve a tener conciencia de plenitud,
aunque por lo que dice su bibliografía, a partir de Viaje al manicomio nunca volvió a tener la capacidad creativa que
tuvo antes de esa odisea con final feliz. Un libro apasionado y apasionante, que
nos ayuda a comprender mejor la agitación emocional que subyace en el psiquismo
de un paciente bipolar. Si le quitamos la hojarasca ideológica, se convierte en
un buen ejemplo de autobiografía psiquiátrica, que permite entender a través de
la (buena) literatura la emocionalidad que estremece a un paciente
psiquiátrico.
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