En la muerte del poeta ADAM ZAGAJEWSKI
Hijo de la Europa caníbal que animó la guerra civil europea que supusieron las dos guerras mundiales. Nacido en Leópolis-Lemberg- Lvolv-L'viv- que así se ha llamado en el Imperio Austro-Húngaro, Polonia, la URSS y Ucrania, a quien pertenece en este momento. Una ciudad centroeuropea, "austríaca", que asistió a brutales batallas entre rusos y austrohúngaros por su posesión durante la I Guerra Mundial; una depuración de polacos tras su ocupación por la URSS en 1939; una de las mayores matanzas "artesanales" de judíos a manos de ucranianos y polacos cuando los alemanes la ocuparon en 1941; a la matanza de 200.000 judíos en masacres indiscriminadas u ordenadas en el campo de Belzec. Tras la ocupación por las tropas soviéticas en 1944, extrañamente con su precioso casco histórico casi intacto, se adscribió a la República Soviética de Ucrania y se expulsó a todos los polacos que residían todavía en ella. Herch Lauperpacht y David Lemkin, padres de la penalización internacional del Holocausto, fueron hijos, judíos, de la que fue vibrante ciudad hasta que empezó su drama (hay que leer el imprescindible Calle Este-Oeste de Philippe Sand)
Adam Zagajewski nació en Junio de 1945, hijo de polacos y con ellos tuvo que abandonar la ciudad para para residir en la Polonia independiente (sic) surgida tras la II Guerra Mundial. Poeta desde siempre, militante contra el totalitarismo desde el primer momento en que toma conciencia de la sociedad en que vive, comprometido con la libertad colectiva e individual. Pero su poesía es otra cosa que "poesía política". Y en el envidiable bilingüismo de los centroeuropeos, su obra bascula desde su exilio en Estados Unidos, en polaco y en inglés. Incluso poetiza en inglés, el momento bisagra que supone el 11 de Septiembre de 2001. Premio Príncesa de Asturias de 2017, consideraba que la cultura europea era su verdadera patria.
A mí mismo en mis memorias
Fluye, fluye, nube gris,
se abre la flor de la peonía,
nada te une ya a esta tierra,
nada te une ya a este cielo.
Delira en la canícula el jardín,
un gato da bostezos en el porche.
Caminas por la calle de los tilos
en flor, de qué ciudad, lo ignoras,
en qué país, no lo recuerdas.
Brillan livianos los estorninos,
la noche se aproxima suavemente,
juegan al escondite los capullos de las rosas.
Eres tan sólo un sueño, una imagen,
sólo un anhelo eres.
Cuando te vayas, como las nubes,
se teñirá de bronce tu recuerdo.
Y rondarás los ríos
y las sombras de los árboles,
pero naufragarás en la tierra, en la tierra, en la tierra.
Canción del emigrado
En ciudades ajenas venimos al mundo
y las llamamos patria, mas breve es
el tiempo concedido para admirar sus muros y sus torres.
Caminamos de este a oeste, ante nosotros rueda
el gran aro del sol
ardiente, a través del cual, como en el circo,
salta ágilmente un león domado. En ciudades extrañas
contemplamos las obras de viejos maestros
y, sin asombro, en añejos cuadros vemos
nuestros propios rostros. Habíamos existido
antes, e incluso conocíamos el sufrimiento,
nos faltaban tan sólo las palabras. En la iglesia
ortodoxa de París los últimos rusos blancos,
encanecidos, rezan a Dios, varios lustros
más joven que ellos y, como ellos,
impotente. En ciudades ajenas
permaneceremos, como los árboles, como las piedras.
Habla más suave
Habla más suave: eres mayor que aquel
que fuiste tanto tiempo; eres mayor
que tú mismo y sigues sin saber
qué es la ausencia, el oro, la poesía.
El agua sucia anegó la calle; una tormenta breve
sacudió esta ciudad plana, adormecida.
Cada tormenta es un adiós, cientos de fotógrafos
parecen sobrevolarnos, inmortalizar con flash
segundos de miedo y pánico.
Sabes qué es el duelo, la desesperación
violenta que ahoga el ritmo cardiaco y el futuro.
Entre extraños llorabas, en un moderno almacén
donde el dinero, ágil, sin cesar, circulaba.
Has visto Venecia, y Siena, y en los lienzos, en la calle,
jovencísimas, tristes Madonnas que ansiaban ser
muchachas normales y bailar en carnaval.
Has visto incluso pequeñas urbes, nada bonitas,
gente vieja extenuada por el sufrimiento y el tiempo.
Ojos de santos morenos brillando en iconos
medievales, ojos ardientes de bestias salvajes.
Entre los dedos cogías guijarros de la playa La Galere,
y de pronto sentías por ellos una inmensa ternura,
por ellos y por el pino frágil, por todos los que allí
estuvieron contigo y por el mar,
que aunque potente, es tan solitario.
Una ternura inmensa, como si fuésemos huérfanos
de la misma casa, para siempre apartados los unos de los otros,
condenados a breves momentos de visitas
en las frías cárceles de la actualidad.
Habla más suave: ya no eres joven,
el éxtasis ha de pactar con semanas de ayuno,
has de elegir y abandonar, dar largas
y hablar extensamente con embajadores de secos países
y labios cuarteados, has de esperar,
escribir cartas, leer libros de quinientas páginas.
Habla más suave. No abandones la poesía.
Oda a la suavidad
Los amaneceres son ciegos como gatitos.
Las uñas crecen confiadamente, aún
saben qué tocarán. Suaves
son los sueños y la ternura como niebla
suspendida sobre nosotros, igual que la campana de Sigismundo
antes que el frío la abrazase.
Vaporetto
En el bolsillo de la cazadora encuentras
un pasaje azul para el vaporetto
(il biglietto, non cedibile).
El billete azul, poco mayor
que un sello de la República de Togo,
te promete un cambio, un viaje.
Se derrite la laca en el recuerdo,
se deshiela la almendra de la nieve alpina.
Ahora puede empezar la expedición.
Estás en Texas, en la tierra llana,
entre los robles eternamente verdes,
que no recuerdan nada.
Por canales estrechos navegarás
con !»alemas, a contracorriente;
y hallarás glaciares y grisura.
El billete reza: corsa semplice,
pero no menciona el desierto,
la monotonía del gravoso mar,
el deseo, el aduanero malicioso,
que no te espera sólo a ti,
islas de indiferencia y de cenizas.
Navegarás largamente. Quizás llegues
allí donde descansa el erizo de Venecia,
agua, encajes y oro.
Quizás llegues allí donde se alzan
las rojas torres de Venecia, torres fieles,
agujas de un compás perdido en el océano.
Traducción de Elzbieta Bortkiewicz
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