miércoles, 17 de marzo de 2021

 LA GUERRA DE LOS POBRES 

ÉRIC VUILLARD 

TUSQUETS EDITORES. COLECCIÓN ANDANZAS  BARCELONA SEPTIEMBRE 2020

Se encuentra en la Biblioteca Pública de Huesca

Y como coda EL ORDEN DEL DÍA y 14 DE JULIO del mismo autor y GEORGES DUBY como reverso. 


Leí con verdadero placer, y desasosiego, El orden del día, la explicación de como los poderes económicos  alemanes propiciaron la ascensión al poder de la hidra nazi, con la cual hicieron pingües negocios hasta el último día. Como una obra de teatro clásico, unidad de espacio, tiempo y acción, todo ocurre en un discreto palacete, en un día y un marco narrativo único, pero se extiende hacia un futuro que hoy conocemos,  pero que en ese momento solo se conocía en lo que tenía de totalitario por parte de sus protagonistas. Hoy también conocemos, que gracias a la precoz Guerra Fría comenzada en el Departamento de Estado norteamericano cuando todavía sus boys se dejaban la vida en las Ardenas, todos los protagonistas de El orden del día se fueron de rositas, tras pagar un precio irrisorio por sus fechorías, la mayor, la narrada en ese magnífico libro. Marta Gellhorn, la mujer que supo abandonar a Hemingway, cuando entró en Alemania como corresponsal de guerra, no encontró ni un solo nazi entre sus entrevistados. Klaus Mann, entre otros motivos, se quitó la vida ante la miseria moral del pueblo alemán, tan contaminado como los protagonistas de El orden del día. Un gran libro.

Leí con verdadero placer, y desasosiego, 14 de Julio, una exposición periodística, en el mejor sentido del término, de un día que marcó el destino del mundo, el día en que las masas fueron capaces de mantener su protagonismo durante el suficiente tiempo como lograr, al cabo de muchas batallas perdidas, sus derechos tuvieran un reconocimiento,  todo lo parcial que queramos, que ha logrado consolidar los modelos democráticos que hoy disfrutamos. Nuevamente unidad de tiempo, apenas unas horas, de lugar, la Bastilla como símbolo del poder despótico, y acción, la destrucción de ese símbolo sin tener conciencia de su pleno significado. En este caso, los protagonistas, una masa de la que se dan nombres, pequeñas trayectorias, suma de voluntades con biografías menores. Conocemos los grandes nombres de la Revolución Francesa, pero no fueron esos los que estuvieron con el pueblo ante los muros de la Bastilla. Desasosiego, porque tras el 14 de Julio, ¿cuántos de los que estuvieron ante los muros de la Bastilla, protagonizaron las matanzas de Septiembre?. ¿Cuántas de las que estuvieron ante los muros de la Bastilla, tricotaban a los pies del cadalso?. Porque eso también existió, el 14 de Julio tiene un haz y un envés, y en este caso es el Terror, el gulag y su sinónimo como se diga en chino o en camboyano. En todo caso, 14 de Julio un gran libro.

Con La guerra de los pobres tengo un problema. Las obras de  Éric Vuillard se han convertido en superventas, sobre todo desde que le dieran el Goncourt por El orden del día. y tengo dificultades con los superventas, es un problema personal y tendré que investigar-me por ello, más allá de la envidia que supone el éxito del otro. Ha elegido como tema el protagonismo de las masas campesinas y artesanales alemanas a través de lo sucedido en 1524 en la llamada Guerra de los Campesinos Alemanes, que acabó con una derrota total y una matanza sin precedentes (se habla de más de 100.000 muertos) en las duras represiones que siguieron a los múltiples levantamientos campesinos y artesanales que constelan la historia del bajo medioevo europeo. Nuevamente las masas en acción, en un tiempo limitado de un par de años, en una localización que afecta el centro y sur de Alemania con extensión a zonas hoy suizas y austríacas. Unidad de acción, romper el orden social existente en base a un mandato bíblico, exigente de una dosis de violencia brutal, incluso contextualizada en la época. existe un protagonista, Thomas Müntzer que agita la vindicación de la masa, con un mesianismo suicida y posiblemente enloquecido. Si  Alonso Quijano enloquece leyendo libros de caballería, Thomas Müntzer, como tantos otros en el inicio de la Reforma, enloquecen en le tránsito disociado del Antiguo y el Nuevo Testamento. Pero en este caso, la filiación de Éric Vuillard, es todavía más unilateral que las ofertada en las dos obras anteriores. No hay  desasosiego en su elección. Un libro que hay que leer, es muy fácil hacerlo,  pero que nada aporta en mi criterio, salvo para los constructores de superventas.

 Y ese es para mí el problema de esta última "obrita" poco más de 90 páginas de letra grande y grandes espacios. Una obra para leer  en un recorrido de metro, elijo la T3 entre el  Boulevard Victor-Pont de Garigliano  y la Porte de Ivry, me pongo parisino en estos tiempos en que solo podemos viajar con la imaginación. Me parece una concesión a  la miseria intelectual de nuestros tiempos. Obras breves, militantes si es posible, sin aparato crítico aunque se trate de ciencia (sic) histórica. Uno, que desdichadamente tiene ya algunos años, echa de menos la brevedad jugosa de George Duby, aquellas pequeñas obras maestras, Guillermo el Mariscal, El domingo de Bouvines, El caballero, la mujer y el Cura. Qué lejos de esos ejemplos está La guerra de los pobres. Los elogios de la crítica oficial me temo que no hará recobrar una cierta seriedad a Éric Vuillard, aunque espero que algún esclavo le recuerde lo que es en el recorrido del triunfo.

Magnífica la elección de Goya en la portada. 

MIGUEL ÁNGEL DE UÑA 

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