EN LA PRESENTACIÓN DEL POEMARIO "CANTO TENAZ, PASTOR PERDIDO" DE JOSÉ MARTIN-RETORTILLO, PRESIDENTE DE "AVELETRA"
17 de OCTUBRE de 2021 FERIA DEL LIBRO DE HUESCA
MIGUEL ÁNGEL DE UÑA MATEOS
Presentar a José Martín-Retortillo en Huesca es un imposible. En una de sus múltiples facetas, José, Josete, es un vecino de esta ciudad, como constata su columna fija en Las Cuatro Esquinas. Alguien que está para los otros, como se advierte cuando pasea por la calle o cuando se sienta en una terraza, y los saludos, los comentarios, son contínuos. Signo de su natural bonhomía en su aceptación académica "afabilidad, sencillez, bondad en el carácter y en comportamiento. Habitualmente se suma a estos calificativos el de ingenuidad, pero en su caso he constatado una cierta calidad somarda que acaba con ese último calificativo.
Por esa imposibilidad para presentar a José, hay que hablar de su noveno libro de poesía, "Canto tenaz, pastor perdido", tan límpidamente editado por Huerga @Fierro, compartiendo catálogo con poetas tan significados como José Ángel Valente, Eduardo Haro Ibars, Leopoldo Mª Panero, Clara Jarnés o César Antonio Molina, entre otra miríada de nombres.
Yo, con escaso oído musical y por ello renuente a la poseía, he ledído su libro con la conexión telepática de ser hijos del mismo año, disfrutantes y sufrientes de la misma cultura y también de la preocupación por unos tiempos tan hartos de abundancia material como hueros de dignidad moral. Poemas como "Réquien" que me han llevado a mi salmantina Plazuela de los Bandos, como a él vivió su pan con chocolate en la Plaza de San Pedro. Pero no es identificación con la nostalgia manriqueña del "cualquier tiempo pasado fue mejor" lo que realmente me une a "Canto tenaz, Pastor perdido" sino el omnipresente compromiso con el HOMBRE que rompe las costuras de todos sus poemas, con la preocupación justa por el hombre despojado en Mantahuseno en Kolyma.
Me ha impresionado la búsqueda de la paabra exacata en estos versos que no son muestra de arrebato creador, sino de meditadas búsquedas de palabras y sonoridades, de inconscientes aflorados en una obra qu eme recuerda al orfebre perseverando en su pequeño yunque para buscar la palabra exaacta, que encaje con el verso exacto en el trazo abstracto de las estrofas. Como decía Gerardo Diego "la poesía es un lenguaje incorruptible" y ese es el trabajo que encuentro en cada uno de su poemas.
Filigranas urbanas, pero sobre todo páramos y roquedales que sustentan a un hombre, que a pesar de todas las miserias morales que le rodean, no se deja vencer por el pesimismo al que invitan los tiempos, sino que sigue buscando, y encontrando, motivos para la esperanza
pasos en la niebla
siempre buscando flores
que dice uno de su poemas. Y es qué, José no se deja vencer por el desánimo, no rebla a la tentación de la desesperanza. Se aplica en no caer en los que nos advirtió el gran Jorge Guillén " cuando uno pierde la esperanza, se vuelve reaccionario"
Termino. Hay un eco que me persigue en todo el poemario, el romancero, alma popular hecha canción, que aprendimos, seguro tú y yo, a gustar en "Vela y Ancla" con el romance del Conde Alnardos. El final de tu poea "El abrigo de tu rada" me ha llevado como una alfombra mágica a la orilla del mar donde el Conde Arnaldo otea su destino. Y en todo el poemario, la reververancia machadiana del mejor D. Antonio. Estoy convencido de que él, desaliñado y cubiertas sus solapas de ceniza, desde el Paranaso, disfrutaría con este poemario como lo he hecho yo, y desde luego, con más conocimiento.
Gracias José por este libro.
Yo
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