jueves, 7 de octubre de 2021

 MIHAIL SEBASTIAN 

DIARIO (1935 - 1944)  

 -Disponible en la Biblioteca Pública de Aragón-


No recuerdo ahora donde encontré una elogiosa referencia sobre este Diario de una figura, para nosotros periférica, de la literatura rumana de entreguerras. Bucarest, la "París de los Balcanes" tuvo un vibrante período de entreguerras, con figuras como Mircea Eliade, Ciorán o Eugene Ionesco, entre los conocidos por cualquier lector medianamente avezado. Sebastian fue amigo de todos ellos, que le respetaban como hermano mayor de una generación. Judío, fue excluido de la vida de Eliade, fascista declarado, y de Cioran que se aprovechó cínicamente de la dictadura de Antonescu para buscarse un lugar bajo el sol en París. Ionesco fue el que resistió al antisemistismo imperante en Rumanía y siguió siendo fiel a la amistad de Sebastian. Mihail Sebastian sobrevivió a la durísima represión antijudía del régimen rumano (cuanta mala memoria histórica haciendo sólo de los alemanes partícipes de la Soah , olvidando a austriacos, húngaros, rumanos, croatas, polacos, ucranianos, bálticos y tantos etcéteras) y asistió con escéptica esperanza a la "liberación soviética. Un estúpido accidente, atropellado por un camión militar soviético, segó su vida en 1945. Seguramente le ahorró un nuevo período de terror por parte de las autoridades comunistas que se hicieron -más- descaradamente con el poder en 1946. Su hermano Beno escondió este diario hasta que pudo huir a Israel en los años 80, dándolo a conocer parcialmente y de forma plena en la década de los 90. Mihail Sebastian fue novelista, dramaturgo, ensayista, periodista, crítico literario, traductor (ay! esa portentosa poliglosia balcánica) de francés e inglés....amante, amigo, judío sin serlo, hombre en toda su extensión de cabeza de un europeísmo, de un humanismo que solo encontramos en figuras como Zweig, Rolland o Jaspers entre sus coetáneos. 

Es una obra maestra en su recorrido personal, periodístico en su recorrido sobre la totalidad de la Segunda Guerra Mundial, social en la descarnada descripción de la inmoral sociedad en la que sobrevivía, una biblioteca viviente que demuestra el poder curativo de los clásicos (Balzac y Tucídides sus bálsamos), de como el trabajo es el fármaco más curativo que existe. Traducir a Shakespeare en medio de una ansiedad paralizante, es una épica, algún cursi actual diría resiliencia, simplemente ejemplar, lección en estos tiempos líquidos de  falsas víctimas. 

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