lunes, 13 de diciembre de 2021

 

La maldad según Dostoievski

“Hay secretos que confesamos a unas pocas personas, otros que no confesamos a nadie y nos atormentan en la clandestinidad, y aquellos que, como la maldad, pueblan las profundidades más recónditas y escondidas del alma”, escribe el ruso en “Memorias del subsuelo”


Fiódor Dostoievski, según Vasily Perov (1872)
Fiódor Dostoievski, según Vasily Perov (1872)

¿Por qué nos hacemos daño los unos a los otros?

Para Dostoievski, la maldad era un secreto inconfesable. Decía en Memorias del subsuelo que hay secretos que confesamos a unas pocas personas, otros que no confesamos a nadie y nos atormentan en la clandestinidad, y aquellos que, como la maldad, pueblan las profundidades más recónditas y escondidas del alma.

La humillación y el orgullo

En gran medida, la maldad y el odio proceden de la ofensa y la humillación, de un orgullo herido. Al escribir sobre Dostoievski, el escritor André Gide apreciaba que “la humildad abre las puertas del paraíso; la humillación las del infierno”.

El orgullo implica el ansia de superioridad y es el núcleo moral del narcisismo, del que brotan la indiferencia hacia el sufrimiento ajeno y el menosprecio. La herida en el orgullo desencadena frustraciones y resentimientos que roen la conciencia.

Sufrir vejaciones y ver arrebatada la dignidad pueden ser la antesala para el surgimiento de ignominias y ruindades. Una sociedad que humilla multiplica las maldades entre los humillados. El odio engendra odio y la miseria material puede conducir a la miseria moral, como leemos en Humillados y ofendidos.

En El diablo, Giovanni Papini observaba que “quien está más alto también está más sujeto a la soberbia”. Y si Lucifer fue castigado por su orgullo, “sepultado y confinado en las ilimitadas oscuridades de la soledad y del odio”, ¿qué pensar del deseo ilimitado de estar cada vez más arriba?, ¿de fundamentar nuestras vidas en el éxito, la parásita ambición y la envidia, y temer el fracaso más que nada?

El desprecio

En Crimen y castigo, la altivez y el endiosamiento hacían que Raskolnikof no tuviese reparos a la hora de asesinar a una anciana por considerarla un obstáculo en su camino.

Para la maldad, los demás no son sino instrumentos que se oponen a sus fines, cosas que hay que sacrificar para alcanzar el éxito. Se les desprecia porque no se les reconoce como seres humanos, sino como objetos de los que servirnos. Y quien desprecia se siente superior, experimenta un placer voluptuoso al ejercer dominio.

La filósofa Hannah Arendt
La filósofa Hannah Arendt

Incluso la maldad y el desprecio absoluto de los demás pueden banalizarse y hacerse cotidianos. La maldad puede convertirse en una rutina a cumplir, como explicaba la filósofa Hannah Arendt a propósito del paroxismo del mal que fue el nazismo.

Y ese desprecio desmedido también era lo que, en el cuento “Vlas”, hacía que dos campesinos pugnaran por la hazaña de cometer la fechoría más vil. Lo que los impulsaba era “la necesidad de llegar al límite, de ansiar sensaciones fuertes que conduzcan al abismo”.

El aburrimiento y la libertad

Si no tuviésemos libertad para decidir cómo somos, no existiría la maldad, tampoco la virtud. En los personajes de Dostoievski se libra la cruenta lucha interior que nace de la capacidad de elegir nuestro destino.

Y en ocasiones se elige la infamia, aunque sea para salir de la rutina. Tal vez sea esa necesidad de romper con la monotonía lo que nos lleve a la lucha con los demás. Tal vez así se justifique esa tendencia nuestra al rechazo del reposo y la tranquilidad. Tal vez porque gran parte de las maldades nacen del aburrimiento, porque prefiramos la ocasión de hacer el mal a la de no hacer nada. Y tal vez por eso decía Blaise Pascal: “Todo el mal humano proviene de una sola causa, la incapacidad del hombre para quedarse quieto en una habitación”.

Elegimos lo abyecto seducidos por la fascinación de la transgresión, de lo que contraviene la norma y la ley. Leemos en Los hermanos Karamazov: “No hay nada más seductor para el hombre que el libre albedrío, pero también nada más doloroso”. En este sentido, los personajes de Dostoievski se emparentan con la filosofía existencialista de Jean Paul Sartre: “Estamos condenados a ser libres”.

Ilustración de "Dr. Jekyll y Mr. Hyde", la obra de Robert Louis Stevenson
Ilustración de "Dr. Jekyll y Mr. Hyde", la obra de Robert Louis Stevenson

Amor y odio

Los personajes de Dostoievski nunca son planos ni superficiales. Atisbamos en ellos la profunda y paradójica dualidad del ser humano, su compleja contradicción, porque confluyen en una sola persona dos caracteres opuestos e indisolubles: el bien y el mal.

Así es como, en Los demonios, el personaje de Stavroguin señala que siente igual satisfacción al desear hacer una buena acción que al desear el mal. Los extremos se tocan y la belleza acaba por fundirse con lo grotesco.

En Dostoievski, la virtud y la maldad son simultáneas. Así lo leíamos en Doctor Jekyll y Mr. Hyde, de Robert Louis Stevenson: en una sola persona hallamos la contradicción del cielo y el infierno, la luz y la sombra de los claroscuros de Rembrandt.

Se trata de la oposición entre una inclinación a la unión y el ansia de destrucción. Es lo que Sigmund Freud llamaba Eros y Thanatos: pulsión de vida y de muerte.

Antes que nada, Dostoievski buscaba la plenitud, la vida infinita. Por ello mismo le resultaba insoportable dejar de lado su dimensión perversa y envilecida. Habría sido algo así como despojarlo de una de sus partes fundamentales. Sus personajes se arrojan al precipicio moral, a la crueldad y al libertinaje de la maldad. Y así lo advertía el escritor Stefan Zweig: “Vivir correctamente significa para él vivir intensamente y vivirlo todo, lo bueno y lo malo a la vez, y en sus formas más intensas y embriagadoras”.

Franz Kafka
Franz Kafka

Dostoievski exploró esos abismos de la perversidad en toda su crudeza. Revelaba la verdad secreta de la maldad, ese lado que nadie quiere mirar cara a cara. Su lectura no resulta fácil ni cómoda, exige el compromiso afectivo del lector. Puede ser que lo que nos descubra no sea en efecto de nuestro agrado, que incluso nos repugne. Pero, como observaba Kafka, “un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros”. Y, sin duda, Dostoievski provoca una turbación interior en quienes se atrevan a leerlo.

Un sueño

Leemos en su novela El idiota que hemos nacido para hacernos sufrir los unos a los otros. No obstante, en El sueño de un hombre ridículo, quizá el más bello de sus cuentos, un hombre al borde del suicidio sueña un mundo de armonía desprovisto de inhumanas bajezas. Y aunque sea una ilusión utópica, un paraíso inalcanzable dada nuestra naturaleza, ese “hombre ridículo” al que no le importaba nada ni nadie acaba por decir: “No quiero ni puedo creer que el mal sea una condición normal en las personas”.

*El autor es profesor de Teoría de la Comunicación en la Universidad de Castilla-La Mancha

martes, 7 de diciembre de 2021

 DOCE CÉSARES. La representación del poder desde el mundo antiguo hasta la actualidad 

MARY BEARD

Edit. CRÍTICA 

Disponible en la Biblioteca Pública de Huesca. 


Un problema para un historiador es ponerse de moda. No para su cuenta corriente, pero sí para su ética. Porque se ve obligado a tirar del chicle hasta que dé de si. Ejemplos como De la Cierva, de Gibson o de Preston, para hablar -desdichadamente- de los dos bandos. A Mary Beard le sucede un poco lo mismo desde que "sus romanos" se han puesto de moda y han laureado su canosa cabeza con todo tipo de premios, entre ellos, la Princesa de Asturias. Y, en mi criterio, hace un esfuerzo por feminizar la Historia Antigua porque es difícil hoy en día no hacerlo, o simplemente porque se lo cree, que es lo que creo de ella. 

Esta última obra es sobre todo un prodigio de erudición, de capacidad de asociar temas, visiones objetivas, conocimientos varios como buena polímata que es, demostrando que viajar, ver museos, colecciones, palacios, siempre y cuando tengas la mente abierta y organizada, tiene el fruto maravilloso de ver a los antiguos como nuestros, de como es posible colocar a César en el comedor de nuestra casa, como si fuera un antepasado. Pero no nos equivoquemos, es una obra erudita, lo cual dificulta la lectura acostumbrada a una ligera divulgación tan frecuente en estos días, comenzando por políticos y comunicadores -que horrible término-, que pasan con dificultad de la contraportada del libro. Hay una parcela "feminista" que es fundamental porque no es frecuente encontrarla en otros textos canónicos sobre la etapa romana y su idealización renacentista. 

Preciosa edición de Crítica con un aparato gráfico perfecto. Internet nos abre la posibilidad de ampliar esas imágenes y disfrutarlas en casi todo su esplendor. La próxima visita a un museo arqueológico será diferente para el que lea este libro. 

jueves, 25 de noviembre de 2021

 AÑOS DE SEQUÍA 

JANE HARPER (novela) // ROBERT CONOLLY (película) 


Aprovechando que ponen la película "Años de sequía", aprovecho para recomendar encarecidamente la novela de JANE HARPER. Una novela aparentemente "negra" pero con una trama que nos lleva a un contenido dramático que podemos definir como clásico, puesto que se inscribe en la calidad descriptiva que esperamos de los grandes de la novela decimonónica. Los sentimientos humanos universales, capaces de movilizarnos desde un cerrado valle europeo a una abrasada estepa en las antípodas.  Personajes condicionados y a la vez aplastados por el medio, en cuyas debilidades y grandezas encontramos ecos de tragedia griega. un flash back perfectamente tramado  qué, a pesar de su complejidad, hace fácil el seguimiento de la narración. el lenguaje cinematográfico se adapta como un guante a la novela y sus dos horas de duración (la película) no se hacen tan largas como suelen ser las plúmbeas producciones a que nos han acostumbrado las plataformas que determinan nuestra vida. Hay que aprovechar la película para leer la novela, releer en mi caso y disfrutar de una gran novela, que trasciende el género. 

Ayer, Día del Espectador, horario de las 22.15. Estoy solo en la sala de cine, solo. Leo hoy unas declaraciones de Víctor Erice sobre el fin del cine que hemos conocido, las uterinas salas que han educado a cuatro generaciones. Ayer me dí cuenta que tengo que decir adiós a todo eso. 

jueves, 11 de noviembre de 2021

 

LUDWIG WITTGENSTEIN 

Uno de los personajes más fascinantes del Siglo XX, perteneciente a una familia que acumuló una mitología, viviendo (y muriendo) en el período más exultante de la Europa de la primera mitad del siglo XX. Sembró "su libro" en el año axial de 1922  


Wittgenstein en el horizonte

  • Cuando se cumplen 70 años de la muerte de Ludwig Wittgenstein resulta llamativo el eco de su figura en diferentes círculos culturales, ajenos a la Academia Filosófica dedicada a investigar en el ágora universitaria la racionalidad de su pensamiento
  • "La literatura sobre Wittgenstein se sigue acumulando. ¿Qué tiene este hombre, cuya filosofía puede ser tan exigente y tan técnica, que fascina a tal grado a la imaginación artística?", se pregunta el crítico británico Terry Eagleton

Publicada el 05/11/2021 a las 06:00
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Ludwig Wittgenstein.

Ludwig Wittgenstein.

1.

Al cumplirse los 70 años del deceso de Ludwig Wittgenstein (1889-1951) resulta llamativo el eco de su figura en diferentes círculos culturales, ajenos a la Academia Filosófica dedicada a investigar en el ágora universitaria la racionalidad de su pensamiento. El crítico británico Terry Eagleton reconoce en los años 90 del pasado siglo que:

Thank you for watching

"La literatura sobre L. Wittgenstein se sigue acumulando. ¿Qué tiene este hombre, cuya filosofía puede ser tan exigente y tan técnica, que fascina a tal grado a la imaginación artística? Frege es un filósofo de filósofos, Bertrand Rusell la imagen popular del sabio, y Sartre la idea mediática de un intelectual; pero Wittgenstein es el filósofo de los poetas y los compositores, de los dramaturgos y los novelistas, y fragmentos de su poderoso Tractatus se han llevado incluso a la música".


Las contribuciones literario-culturales sobre este pensador se han ensanchado de un modo especial con el tiempo. Ray Monk en su estudio El deber de un genio apunta que con el paso de los años es posible enumerar un amplio repertorio de eventos respecto a Wittgenstein: desde obras estéticas hasta inspiraciones artísticas en determinados pintores. Podemos señalar, además, que en 1989, en Bruselas, se ha llevado a cabo una amplia exposición plástica cuyo contenido se presentaba bajo el título Ludwig Wittgenstein y el arte del siglo veinte, teniendo cabida en ella determinadas figuras representativas de la creación y el pensamiento actual. Incluso en el cine el filósofo ha alcanzado cierta resonancia gracias a la película filmada por el director británico Derek Jarman, antes de fallecer de sida. Su película, titulada Wittgenstein, obtuvo comentarios elogiosos no sólo en revistas de crítica cinematográfica, sino también en la revista teológica La civiltá cattolica, destacando los contenidos intelectuales de la temática existente en el fin.

A partir de 1989, conmemoración del centenario de su nacimiento, el pensamiento de Wittgenstein logra un eco particular en ámbitos especialmente filosóficos. En congresos y seminarios analíticos y continentales se descubren con mayor claridad aspectos tradicionalmente oscuros del Tractatus, y se pone a un alcance más próximo a nosotros materiales de su obra póstuma, como Investigaciones filosóficas, Zettel, Los cuadernos azul y marrón, Observaciones sobre los fundamentos de las matemáticas, etcétera. En España se ha divulgado y traducido a este filósofo gracias sobre todo a dos investigadores: Javier Sádaba (Conocer Wittgenstein y su obra, Wittgenstein. Observaciones a la Rama Dorada de Frazer, etcétera) e Isidoro Reguera (La miseria de la razón, Wittgenstein. Diario Filosófico 1914-1916, El feliz absurdo de la ética. El Wittgenstein místico). Desde América Latina son notables los trabajos de impronta wittgensteiniana gracias a los estudios del mexicano Alejandro Tomasini (Lenguaje y antimetafísica, Los atomismos lógicos de Wittgenstein y Russell) y desde fuera del espacio anglosajón tenemos a Jacques Bouveresse con su estudio Wittgenstein. La modernidad, el progreso y al decadencia.

Esta serie de antecedentes facilitan valorar la existencia de una interesante "masa" documental en torno a Wittgenstein hoy. Sin embargo, su carisma y sus materiales nos impiden ver reducido a Wittgenstein a un ámbito puramente académico, para el consumo de los eruditos. Por las causas que sea es un pensador que –a pesar de las teorizaciones abstractas de su pensamiento y de la oscuridad que han producido algunos de sus críticos– ha salido de los marcos institucionales de la filosofía, despertando un interés muy particular en escritores y artistas. En este sentido, se considera que el atractivo que despierta Wittgenstein no es tanto por su filosofía como por el perfil de su propia vida y personalidad, y es precisamente de estas cuestiones de lo que se ocupa Bruce Duffy a lo largo de 680 páginas en El mundo tal como lo encontré.

2.

Cuando Thomas Bernhard escribió El sobrino de Wittgenstein (1982) y Corrección (1975), con dificultad podría imaginarse que con ambos trabajos plantaba las primeras semillas de carácter novelístico respecto a la figura del filósofo Ludwig Wittgenstein. Es una primera narrativa interesante inspirada en el pensador, que se prolonga en este libro de Bruce Duffy traducido al castellano, titulado El mundo tal como lo encontré.

Es una obra que tematiza de forma admirable capítulos de la existencia de Wittgenstein, especialmente sus relaciones afectivo-intelectuales con el filósofo moral Moore y con Bertrand Russell. La relación de Wittgenstein con estos personajes es, en cierto modo, el "tronco" principal que estructura esta novela. A partir de esta base se despliegan eventos particulares en la vida de pensador: sus vicisitudes acerca de la participación en la Primera Guerra, sus intensas y contradictorias relaciones con su hermana Gretl, la "fuga mundi" a Noruega, su amistad con David Pinsent, etcétera. Todo ello a la luz de un mundo en crisis y de la paulatina decadencia que va sufriendo una de las empresas familiares más ricas de Europa, como es la industria del acero de los Wittgenstein. En este sentido cabe señalar una anécdota, no señalada en el libro pero archiconocida: cuando el autor del Tractatus se transforma en un rico heredero de estos bienes metalúrgicos, entrega parte del dinero a sus hermanas y otras cantidades a artistas necesitados (Trakl, Kokoschka, Rilke), pero no a los pobres de Viena porque "el dinero les puede corromper, en cambio sus familiares son irrecuperables". Como sugiere Dreffy, la renuncia al dinero es una actitud ética que tiene que ver con Tolstoi.

Además, el analista Wilhelm Baum considera que, para evitar malentendidos respecto a su apellido y riquezas, Wittgenstein "hasta su muerte vivió de manera muy modesta en una pobreza voluntaria, elegida por él mismo". Este asunto de la pobreza del filósofo y su mal entendimiento con el dinero no siempre está bien tratado en el libro de Duffy; es un aspecto algo lateral en la obra.

Con todo, no todo es ficción en esta notable novela. Es un asunto que el propio autor señala al comienzo de libro, sugiriendo que existen espacios donde se entrecruzan lo biográfico, lo histórico y la ficción. Creemos que las fuentes documentales básicas a las que ha recurrido el autor para proporcionar un sostén adecuado a la novela pueden ser las Cartas de Wittgenstein a Russell, Keynes y Moore, el Esbozo biográfico de Norman Malcolm, Wittgenstein, de W. W. Bartley, y Conversaciones con Wittgenstein, de Rush Rhees. Pero es indudable que existen otra serie de materiales empleados por Duffy para la elaboración definitiva de El mundo tal como lo encontré.

Para un lector que desee examinar una perspectiva cabal de lo que narra este escritor puede resultar interesante leer La Viena de Wittgenstein de A. Janik y S. Toulmin, y El deber de un genio del mencionado Ray Monk. Son antecedentes documentales histórico-biográficos muy importantes que pueden permitir ver y considerar con ojos mucho más verosímiles la excentricidad en ciertas cosas de la vida de Wittgenstein, y además iluminan el panorama ideológico-político reinante en los distintos años que se mueve el filósofo austriaco entre Cambridge, Austria y Noruega, entre su docencia escolar con los niños en los Alpes austríacos, y entre su viaje a Rusia en 1935 y su retorno a Inglaterra. También puede percibirse qué pasa con Austria a propósito del Anschluss.

3.

Como hemos sugerido, todos éstos son aspectos del libro de Duffy desarrollados con especial atención, pero también resultan llamativos en este autor exámenes internos respecto a Wittgenstein en su novela: son asuntos introspectivos a propósito de una cierta ambigüedad sexual del filósofo, y otros a raíz de la permanente negación de Wittgenstein de proclamar sus orígenes judíos. Son especialmente estos escrúpulos respecto a su "judaidad" lo que conduce a Duffy a titular un capítulo Confesión, donde se retrata cómo Wittgenstein se libera de este problema moral que le resultaba vergonzoso. Es conocido por estudiosos del sabio vienés (y también por Duffy) que este malestar interno respecto a "lo judío" en Wittgenstein proviene de sus atentas lecturas de Sexo y carácter del notable y genial Otto Weininger, suicidado en 1903. Son introspecciones bien elaboradas por Duffy, y con ellas nos transmite lo más vivencial del filósofo respecto a inquietudes anímico-sicológicas. Con todo, quedan en cierta penumbra otras reflexiones y problemas que sabemos que afectaron al pensador en momentos decisivos de su vida (su ética respecto al dinero y la herencia paterna, su indecisa vocación entre ingeniero, matemático y filósofo, la elección de amistades). Algunos de estos aspectos podrían haber quedado bien ensamblados con sus criterios relativos a sus antecedentes judíos y los de su sexualidad.

Pero, como hemos dicho, no es la novela un itinerario estricto de la vida del genio vienés, y por lo tanto, se pueden perdonar tales carencias argumentativas. Pero aun así parece que Duffy se resiste a introducir problemáticas religiosas en la existencia de nuestro filósofo, aun cuando hoy se considera que Wittgenstein es un místico destacado del siglo XX, sobre todo indirectamente promotor de cierta Teología Negativa (cuya racionalidad considera que es más lo que no sabemos de Dios que lo que sabemos de Él) derivada del Tractatus. La falta de elementos analítico-narrativos propios de esta naturaleza de cosas en capítulos del libro – por ejemplo, cuando existen polémicas entre Wittgenstein y Russell cuando son maestros de niños, o bien cuando Moore visita a nuestro filósofo en Noruega sin que en largas conversaciones se hable de "Dios" o de "fe" – nos hace perder ciertas expectativas respecto a una singular "inteligencia creyente" que siempre estuvo en ciernes en Wittgenstein (Con razón ha llegado a preguntarse Isidoro Reguera si fue un místico o un religioso atormentado). La posible relación de Wittgenstein con la metafísica de Dios, siempre resulta evocada en el libro de un modo secularizado (o sea, muy poco especulativo, es decir, al revés de lo que podría pensarse si alguien se acerca a una novela como esta donde se logra reproducir cierta estructura mental del propio Wittgenstein).

4.

La elección que hace Wittgenstein de sus pocas amistades queda especialmente reflejada en capítulos del texto. Son personalidades carentes de apoyos y afectos, en cierto modo marginales, donde al parecer la presencia del propio filósofo suple tales carencias, proporcionando una verdadera integridad a tales personajes.

Son figuras como un tal Max, Francis Skinner o David Pinsent (ambos históricamente existentes) que acompañan a nuestro protagonista a lo largo de sus diversos viajes intereuropeos, aconsejándoles con interés que abandonen (o no se acerquen) a la filosofía y se dediquen en la vida a cosas prácticas. Son recomendaciones típicas de Wittgenstein. Según el biógrafo Ray Monk, son criterios que obedecen en términos histórico-personales al propio pensador, ya que durante toda su vida su conducta buscaba ensamblar de forma acorde en sí mismo la importancia de las labores práctico-manuales (jardinero, arquitecto, enfermero, maestro).

Respecto a esa elección por tal clase de amigos existe algo particular en Wittgenstein. Ben Ami Scharfstein en su obra Los filósofos y sus vidas. Para una historia sicológica de la Filosofía declara que el sabio austriaco "se veía a sí mismo en ellos y tenía ideas para curarles. Puesto que se veía a sí mismo en sus discípulos intentaba, mediante su dominio, demostrase a sí mismo su paternidad, es decir, su superioridad, y su capacidad para guiarse y mejorarse a sí mismo".

Ante ambas perspectivas humanas del pensador (renuncia a lo filosófico y elección de discípulos) Duffy retrata un Wittgenstein especialmente frugal y espartano en su forma de vivir –salvo esas etapas de sensualidad y cierta promiscuidad que se le atribuyen en Viena después de la guerra– donde pueda encarnarse con cierto sentido y lógica el "ligero de equipaje" de Machado y el ideal de la simplicidad tolstoiana.

En este sentido, existen páginas en el libro donde quedan especialmente retratadas las sensaciones de soledad del filósofo, bien por la incomprensión que producen sus ideas en el entorno humano que le toca vivir (en el frente de guerra, en Cambridge, en los Alpes, con amistades de familiares, etcétera) o bien por cierto orgullo existente en su personalidad (contra el cual siempre lucha), causando determinados malestares en Moore, Russell, Lady Ottoline (amante de Russell) y otros.

Junto a estas características, en esta voluminosa novela afloran otras cualidades (y defectos) de Wittgenstein. En conjunto permiten "desacralizar" de un modo muy interesante a una figura en la que ha predominado tanto la incomprensión de los pasos que él dió en su vida, como la aparente ininteligibilidad de su pensamiento. Duffy ofrece un camino a los lectores que permite reconciliar y esclarecer el contenido vital de tales dimensiones, al calor de los 70 años de su muerte (en Cambridge, el 29 de abril de 1951).

 

* Mario Boero Vargas pertenece a la Sociedad Española de Ciencias de las Religiones, y es autor de una trilogía sobre el pensador Ludwig Wittgenstein

 

DOLAN MOR  "En los extramuros de Zaragoza. Poemas escogidos"

BEGOÑA SOPENA FUSTER


Lectura del poemario de Dolan Mor “En los extramuros de Zaragoza. Poemas escogidos”

Al leerlo la cabeza transcurre por sus páginas de forma pausada.

Los primeros poemas interesantes, inteligibles, algunos incluso demasiado cultos como el

mismo autor confiesa que comentan de sus textos, en un poema al final del libro.

Luego tiene unos poemas menos inteligibles, donde juega con palabras y construcciones de su

invención, este es el tramo del libro más dificultoso de leer y los últimos poemas son bonitos,

profundos, personales y bellos. Poemario que realmente contiene poesía interior cosechada

de su trabajo día a día, su imaginación y sus grandes lecturas.

Total 101 páginas de poesía

 GEORGIA O'KEEFFE 

ROXANA ROBINSON

BEGOÑA SOPENA FUSTER


Esta biografía desglosa la vida de la pintora americana Georgia O ́keeffe (G.O.), de carácter independiente

y fuerte, nace en Wisconsin en la segunda mitad del siglo XIX ,en una casa de campo donde crece en una

familia numerosa, con los que se relaciona a lo largo de la vida. Con 26 años, estudia arte y trabaja de

profesora en la Universidad de Virginia y simultáneamente trabaja su pintura.

Conoce a Alfred Stieglitz 23 años mayor que O ́Keeffe, se enamoran y se casan. Se dedican a trabajar el

arte, él la fotografía y la coordinación de su galería de arte y ella a trabajar su pintura y llevar la casa.

Conviven entre New York en invierno y la casa de familia de Alfred en las montañas en verano. El es muy

obsesivo en sus costumbres y no le interesó tener hijos, consiguió convencer a Georgia para que no los

tuviera. Pero G.O. se deprime y se va a vivir una temporada a Nuevo México donde desarrolla una obra

muy inspirada.

Alfred ejerce una gran influencia en G.O., animándola como pintora, como pareja y como galerista,

consigue elevar, valorar y preservar la obra de G.O. a través de su trabajo y sus buenos contactos tanto

financieros como artísticos.

G.O. atraviesa varias depresiones, y enfermedades que la alejan de la pintura un par de años Las

infidelidades de Alfred, la distancian de él, por largas temporadas en la casa del lago de la familia de Alfred

en las montañas y en Nuevo México donde pasa largas temporadas, hasta compra una casa donde acaba

sus días. Ella le sigue leal a Alfred hasta su muerte y tienen una buena relación por carta, telegramas y por

teléfono cuando este aparece en la sociedad

Tras superar sus enfermedades vuelve a New York y decide tomar las riendas de su vida, y Alfred pasa a

ser su asesor en pintura y exposiciones.

Alfred S. fallece a los 85años, pero O ́keeffe lo cuida hasta el final facilitándole con enfermeras y asistentes

la compañía que necesita para cubrir su día a día. Tras su desaparición Georgia documenta toda la

colección del galerista y su gran número de cartas y hace donaciones a distintos museos.

Se compra una casa y construye un huerto en Aicuhi Nuevo México. A los 62 años empieza a viajar por

Europa tras morir Alfred.

Juan Hamilton, 60 años más joven que G.O., es su último asistente doméstico ,se crea una gran

dependencia entre ambos(afectiva y laboral), ella padece mácula en los ojos que le produce una pérdida

de visión, pierde también facultades mentales propias de la edad. Hamilton es ceramista y consigue que

modifique G.O. su último testamento, pasando a ser su asesor como galerista y como gestor de sus

finanzas. Como pintora G.O., consiguió recopilar gran cantidad de dinero y obras de arte así como

documentos biográficos que enriquecieron la herencia de O ́keeffe. El testamento último fue recurrido

por la familia.

Este libro resulta curioso , la historia ha sido sacada de una gran cantidad de cartas que escribía Georgia:

a Alfred, a sus amigos que fueron muchos y muy bien relacionados en el mundo del arte, a sus familiares,

a sus asistentes, que también tuvo varios a lo largo de su extensa vida, cartas a sus asesores financieros ,

las citas de las cartas están bien insertadas en la biografía y le dan frescura al texto.

Hablan estas cartas de los sentimientos y las relaciones humanas de la protagonista (muchas y variadas),

del arte de crear y pintar a su modo , muy personal y nada convencional, de saber valorar las obras, de la

gestión , de la promoción y ventas, es enriquecedora su lectura sin dudarlo. Muere el 6 de marzo de 1986

con 98 años, es una larga vida dedicada intensamente a su pintura.

Una buena biografía , de una excelente pintora, 462 páginas apasionantes de una buena escritora.


Huesca 19 de septiembre de 2021

martes, 2 de noviembre de 2021

 UN TIPO IMPLACABLE 

ELMORE LEONARD

ALIANAZA LITERARIA

Disponible  en la Biblioteca Pública de Huesca 


Curioso: hice la anterior entrada sobre la novela de Padura, y en ella nombra en varias ocasiones esta novela de Elmore Leonard, a cuenta de la frase favorita del protagonista, Carlos Webster, tal vez porque se llama Carlos y no Carl, porque su madre es cubana y porque su padre participó en la Guerra de Cuba, tan malhadada para nuestro país (o tal vez no, a decir de muchos historiadores, sobre todo económicos). 

Una novela policíaca ¿?,  más bien sociológica sobre una época que constituye el segundo ideario de la literatura norteamericana, el Western y los años treinta, depresión, ley seca, gánsters.... Me retrotrae a los años en que leía ávidamente a Chandler, M. Cain, Chester Himes, Jim Thompson y sobre todo a Dashiell Hammett, todos ellos radiólogos del mal que anida en cualquier sociedad y que eclosiona cuando la corrupción hace ceder todas las barreras morales. La selva en Oklahoma, tan cercana al desierto tan amado por el western,  que destripa Leonard, es el paradigma de la pesadilla americana, solo soportada por la gente corriente como el padre del protagonista. Y lo hace sin apenas descripciones, valiéndose del diálogo interminable, verborreico casi de sus múltiples personajes, lo que da un aire cinematográfico a la novela con un fondo también cinéfilo de road movie, con su constante alusión a los coches tratados como un personaje más. 

Lo de menos es la trama, lo interesante es como lo personajes se dan a conocer a través de sus palabras, de sus mentiras, ardides de supervivencia en una selva, redundante, sin más ley que la dictada por el  más fuerte, que no necesariamente es el más bueno.

EL HOMBRE DE LA BATA ROJA JULIAN BARNES  ANAGRAMA 2021  Ejemplar en la Biblioteca Pública de Huesca  A través de la vida de Samuel Pozzi, el...